El porqué de las palabras, de Francisco Brines | Poema

    Poema en español
    El porqué de las palabras


    No tuve amor a las palabras; 
    si las usé con desnudez, si sufrí en esa busca, 
    fue por necesidad de no perder la vida, 
    y envejecer con algo de memoria 
    y alguna claridad. 

    Así uní las palabras para quemar la noche, 
    hacer un falso día hermoso, 
    y pude conocer que era la soledad el centro de este mundo. 
    Y sólo atesoré miseria, 
    suspendido el placer para experimentar una desdicha nueva, 
    besé en todos los labios posada la ceniza, 
    y fui capaz de amar la cobardía porque era fiel y era digna 
    del hombre. 

    Hay en mi tosca taza un divino licor 
    que apuro y que renuevo; 
    desasosiega, y es 
    remordimiento; 
    tengo por concubina a la virtud. 
    No tuve amor a las palabras, 
    ¿cómo tener amor a vagos signos 
    cuyo desvelamiento era tan sólo 
    despertar la piedad del hombre para consigo mismo? 

    En el aprendizaje del oficio se logran resultados: 
    llegué a saber que era idéntico el peso del acto que resulta de 
    lenta reflexión y el gratuito, 
    y es fácil desprenderse de la vida, o no estimarla, 
    pues es en la desdicha tan valiosa como en la misma dicha. 

    Debí amar las palabras; 
    por ellas comparé, con cualquier dimensión del mundo externo: 
    el mar, el firmamento, 
    un goce o un dolor que al instante morían; 
    y en ellas alcancé la raíz tenebrosa de la vida. 
    Cree el hombre que nada es superior al hombre mismo: 
    ni la mayor miseria, ni la mayor grandeza de los mundos, 
    pues todo lo contiene su deseo. 

    Las palabras separan de las cosas 
    la luz que cae en ellas y la cáscara extinta, 
    y recogen los velos de la sombra 
    en la noche y los huecos; 
    mas no supieron separar la lágrima y la risa, 
    pues eran una sola verdad, 
    y valieron igual sonrisa, indiferencia. 
    Todo son gestos, muertes, son residuos. 

    Mirad al sigiloso ladrón de las palabras, 
    repta en la noche fosca, 
    abre su boca seca, y está mudo.