Aún no se conoce la forma de la vida,
si todo proviene de un continente
que no es hongo, animal o planta;
cómo era la primera procariota
que guardó el alma dentro de su cuerpo,
éranse unas condiciones extremas,
éranse unos átomos semilla,
éranse reacciones químicas,
la vida, transformación en la supervivencia.
quién fue la primera eucariota
en enredar su secreto para esconderlo
érase una soledad extrema,
érase una proporción expuesta bajo llave
érase la simbiosis anterior al mestizaje,
la vida, evolución en la persistencia.
¿A dónde van los dioses y las diosas sin nombre?
Las sociedades son árboles
de un bosque planetario.
Nacen las fronteras y el territorio
allá donde hay un pueblo,
una rama de historia y olvido.
Es una hoja una persona,
alternas y opuestas en cada pecíolo,
hojas de tronco o de copa,
yemas para ser flor o tallo díscolo.
Las palabras de los libros
son las necesidades hechas viento,
son las curiosidades hechas vino,
son las heridas hechas cieno.
La humanidad es un árbol
quemando el bosque.
Paseo todas las tardes, a las cinco.
Recorro las aceras colindantes
a la tienda de tu helado favorito,
los sitios propicios para encontrarte.
No puedo quitarme,
no puedo sacar de mi cabeza
la memoria flácida y marmórea carne
más allá de esta frontera epidérmica
que una viva imagen de muerte ignora.
Ahora es cuando toco a tu puerta,
tras el sonido un temblor
me recorre las piernas.
Un silencio más largo aún
que las horas de sueño perdidas
soñando este apretado silencio.
Uno se siente, a veces
como un envoltorio de aire;
como si la fragilidad de un globo
durase una vida consciente.
Entonces, uno trata de no respirar
demasiado fuerte;
entonces uno teme y tiembla
cuando sopla recuerdos ausentes.
A los hechos me remito
ante la duda
bajo llave
cabe esperar
con el rabo entre las piernas
contra lo establecido
de perdidos al río
desde que nací
en el brillo de tus ojos
entre pasado y futuro
hacia tu rostro
hasta chocarme
No es para tanto
aceptar la muerte.
Para tanto es morirse
tan joven,
morirse antes de tiempo.
Lo peor es morir
antes de saber
que no se sobrevive
sin dinero. No aquí.
Son frías estas almas de piedra
haciendo cola.
Sospechan dentro de diminutos bolsos
de las miradas largas.
¿Está usted loco?
Loco está usted, loco,
usted está usted,
y yo no le digo nada.
Quien diga lo contrario loco
miente usted, está usted,
usted está y yo soy el loco.
Para estar hay que creer.
¿Loco? Espere usted.