Yo significa espejo.
Una ciudad habitada por tantos
sujetos abiertos,
a veces, omitidos a un párrafo.
La casa es una casa
si se usa como casa.
Si no, es un edificio,
un desahucio, una estafa
al arquitecto, al vendedor
de cemento, al que coloca
los ladrillos. Un museo
sin importancia.
Yo no es el espejo de yo mismo.
Tú siempre serás distancia.
Él, irremediablemente ajeno.
Nosotros, el refugio.
Vosotros, vecindad del enemigo.
Ellos, mafia inagotable.
La frontera son alambres
de miedo filtrando el acento
de quien no es mesurable
por los números de su atuendo.
Yo: soy un hermano del término.
Innecesario se dice. Se define
a un extremo del significado.
Yo como metáfora del margen.
Amor: centro de mi vocabulario,
Sol de mi sistema sintáctico,
ortografía de mis labios.
Contigo,
poeta es más sinónimo,
yo significo espejo.
Una cáscara llena de ojos,
cortinas de lavanda tibia,
sobriedad pecuniaria
a estas alturas de la vida.
Canciones desaparecidas
gargantas de ausencia.
Pañuelos y despedida,
afilada busca que te busca.
Tengo que ir.
Todavía no he ido.
Tengo que ir pronto.
Enfrentarme solo
a su espacio fértil
amplio como un silencio
y sonreír agradecido
a su palabra de tierra.
Estar.
Estar con ella.
Quizás, quizás, quizás...
las alas blancas
sólo eran blancas con sol de cara,
ni siquiera alas de esperanza.
La negra sombra de un águila.
Hasta mi nombre,
todos votan al invento
de la propaganda,
un desfalco a la carta.
“Disculpe señor ministro
pero es usted un cabrón”.
La sala parecía estar de acuerdo,
hasta el mismísimo presidente
callaba a favor. “Lo es”,
empezó a decir, “ministro
esperanzador. Es usted
sin duda un gran cabrón,
si no el mejor”.
Todo ha sucedido más rápido
de lo esperado.
La bala atravesó su cabeza
antes incluso
de que la gota de sudor
o lágrima, no se sabe,
impactara
contra el suelo.
Antes incluso
que el barro.
El niño le pregunta a su sombra
quién ha tapado el sol
hasta dejarlo en los huesos.
Quién se ha bebido su vaso de leche.
Quién le encoge los zapatos
cuando crece.
Al acertar es imposible escoger lo heredado,
señalar el amor que nos viene encontrado.
Cuántos dedos son, sin haberlos tocado,
meses que el mar deshizo en naufragios.
Desmembrarse,
padecer el sentimiento retráctil,
sumirse en una voracidad de atalaya,
claudicar de la humanidad frágil.
En el fondo
sólo quieren descendencias millonarias,
rascacielos de transparencias a fuera.