Ahora es cuando toco a tu puerta, tras el sonido un temblor me recorre las piernas.
Un silencio más largo aún que las horas de sueño perdidas soñando este apretado silencio.
Ahora es cuando pulso y espero con mil frases sin memoria, ahora es cuando suena, ahora es cuando bajas, sin saberlo, con tu beso temblando en mi boca.
El interés de la deuda soberana no cabe en un poema. La poesía es infantil frente a dos puntos de la prima de riesgo, el descenso de la demanda agregada o la eficiencia de nuevos mecanismos de esperanza.
Hay quienes cobran la baja mientras trabajan, y quienes trabajan pero nunca cobrarán paro. Hay quienes se dan de alta y no trabajan y quienes son pobres y/o trabajan y/o como esclavos y/o sin contrato.
La memoria está poblada a bocajarro. Como aquel vietnamita, como aquel 2 de mayo. Dos formas de enfrentarse, solicitar la certeza del terror: “¡No me mates!”, “¡Mátame!”; dos formas de despedirse, expulsar un ayer definitivo.