Hay quienes cobran la baja
mientras trabajan,
y quienes trabajan
pero nunca cobrarán paro.
Hay quienes se dan de alta
y no trabajan
y quienes son pobres y/o trabajan
y/o como esclavos
y/o sin contrato.
Política de empleo
sin empleados:
política de intermediario.
No hay dinero para ideas-migaja,
pero cada mes se descorcha una tarta
de cincuenta pisos
cimentada en facturas falsas.
Allí anidan los buitres de corbata,
allá donde mil bocados no destacan.
Hay quienes trabajan toda su vida
pero no gastan: ahorran, guardan
para los hijos de los hijos.
Hay quienes gastan lo que no ganan
porque antes se derrocha lo inmerecido.
¿Qué “empresario” contrata una semana al año?
¿Cuántos enchufados maman de un autónomo?
El que más rápido gana
más invierte en abogados;
el que más pronto pierde
más impuestos le ha costado.
Hay quienes muerden día tras días
y ocultan los dientes dorados
entre los cómplices de su mafilia.
Otros, víctimas y verdugos,
hartos de mendigar en misa
pasan el día entre asesinos,
arrepentidos de robar gallinas.
El interés de la deuda soberana no cabe
en un poema. La poesía es infantil frente a
dos puntos de la prima de riesgo,
el descenso de la demanda agregada o la
eficiencia de nuevos mecanismos de esperanza.
Uno empieza antes de esperar
que de sí surjan los motivos,
las guías, los objetivos a financiar.
Uno jugando a ser uno mismo
aprende los turnos, las cifras del azar
no exento del éxito de la probabilidad.
Una vez quise ser bibliotecario
para matar moscas en el trabajo,
regañar a algún huérfano de libro,
traslucir sinopsis de una máscara,
adivinar la signatura pendiente.
Somos diferentes.
La memoria está poblada
a bocajarro. Como aquel
vietnamita, como aquel 2 de mayo.
Dos formas de enfrentarse,
solicitar la certeza del terror:
“¡No me mates!”, “¡Mátame!”;
dos formas de despedirse,
expulsar un ayer definitivo.
No, no estoy especialmente orgulloso
de tantos juguetes de fábrica,
ni del nuevo milagro intelectual como
solución a todas las facturas.
Es preferible
ser hermano del hambre
a sobrino de la opulencia.
En estos tiempos
de venta de nuevos conceptos
a través de la ignorancia misma
es fácil estar del lado
de lo innecesario.
Como si el amor,
como si la vida,
reducidos a este
casi todo, casi juntos,
casi siempre.
Ella, aquella lejana
forma de expresión,
balanza en equilibrio
de días fugaces,
de atmósferas infinitas.
Hay quienes cobran la baja
mientras trabajan,
y quienes trabajan
pero nunca cobrarán paro.
Hay quienes se dan de alta
y no trabajan
y quienes son pobres y/o trabajan
y/o como esclavos
y/o sin contrato.