Doble balada, de François Villon | Poema

    Poema en español
    Doble balada


    Amad, amantes corazones, 
    haced según vuestros antojos, 
    id a festines y a reuniones: 
    terminaréis llenos de piojos. 
    A los hombres hace Amor flojos: 
    Salomón a herejía accede, 
    Sansón pierde sus anteojos. 
    ¡Feliz de aquel que a Amor no cede! 

    Orfeo, el tierno musicante, 
    tocando rústicas dulzuras, 
    por Amor se topó delante 
    del Can de cuatro dentaduras. 
    Narciso, de unas aguas puras 
    cae al pozo y salir no puede 
    por culpa de sus aventuras. 
    ¡Feliz de aquel que a Amor no cede! 

    Sardaná, el de valor sin tacha 
    que conquistó el reino de Creta, 
    se fue a hilar como una muchacha 
    y quiso ser mujer completa. 
    El rey David, sabio profeta, 
    dos bellos muslos ve y procede 
    a olvidar a Dios que lo reta. 
    ¡Feliz de aquel que a Amor no cede! 

    Amnón, presa de sed de amar, 
    con el pretexto de que hambreaba, 
    reclamó y desfloró a Tamar 
    mientras la hojuela se quemaba. 
    Dejó Herodes -¡cómo sudaba!- 
    que la cabeza de Juan ruede 
    por Salomé que le bailaba. 
    ¡Feliz de aquel que a Amor no cede! 

    De mí también ¡pobre!, hablaré: 
    por Amor, como lienzo en río, 
    fui golpeado desnudo, y sé 
    que lo ordenó un tierno amor mío, 
    Catherine, con un gesto frío. 
    Noël, que vio lo que precede, 
    recibió parte del rocío. 
    ¡Feliz de aquel que a Amor no cede! 

    No ha de dejar por ello el joven 
    de perseguirlas sin cautela 
    ni aunque en una hoguera lo adoben 
    como al que en una escoba vuela;. 
    Para él huelen como canela. 
    Loco igualmente es quien se enrede 
    con morena o rubia mozuela. 
    ¡Feliz de aquel que a Amor no cede!