Un salón en el fondo del sueño, de Gabriel Celaya | Poema

    Poema en español
    Un salón en el fondo del sueño

    Me acostumbraba a la alucinación simple: 
    veía un salón en el fondo de un lago. 
    (Rimbaud) 

     
    De noche, calladamente, entro en mi mundo secreto: 
    es una sala antigua, temblorosa de silencios 
    que acumula un gran piano magnetizado de luna 
    con lo negro y nacarado de su ola detenida. 
    Cuando entro es de puntillas porque todo está cargado 
    de inminencias musicales y temblor no realizado. 
    Hay pasos que no se oyen, transparencias y cortinas 
    que reflejan, cuando tiemblan, irisándose, otras vidas. 
    El metrónomo señala la exactitud; y la araña 
    notifica gota a gota sus cien cristales neutrales. 
    Entro aquí como quien entra en un silencio, y contemplo 
    los aparatos sensibles que manejan el silencio, 
    o quizá sólo la curva del piano, tan secreta, 
    o las lágrimas de luna dolorosa, y el espejo 
    que paraliza el momento, devorándome en su miedo. 
    Todo, si bien se mira, es en su conjunción 
    un registro del misterio, tan vulnerable al temblor 
    que si moviera una silla de su sitio, si variara 
    al moverme algún perfume, fallaría el aparato. 
    Porque el piano de cola, y la luna que lo carga 
    de antigüedad y silencio, y los relojes parados, 
    y los reflejos del algo, y el vacío en las terrazas 
    ante los surtidores que nadie espera se alcen, 
    componen el sistema de una alucinación 
    que no funcionaría, si fallara el defecto, 
    justamente el defecto, creador del misterio. 
    A veces, yo entro aquí, para no entender nada, 
    o hacer como que siento, pensando que esta sala 
    podría manejarse como un bello aparato 
    bien cambiando un adorno, bien tocando el piano. 
    Algo, quizá pequeño, descubriría un mundo, 
    mas algo, también leve, volvería a lo oscuro, 
    si fuera equivocado, todo esto que ahora siento, 
    sentado en esta sala, de noche, presintiendo 
    y oyendo cómo callan los surtidores, lejos.

    • Función de Uno - Equis - Ene: 
      Uno es Ene menos alguien; 
      Ene, el Uno colectivo; 
      Equis, el orden sin nadie. 
      Planteamiento en Uno 
      Aparecer. Y gritar. 
      Ser deslumbrante un momento. 
      Quemarse en el entusiasmo. 
      Y luego, escuchar el eco. 

    • Era una casa grande, vacía, llena de ecos, 
      con veinte ventanales abiertos hacia el mar. 
      Y el mar sonaba triste contra el acantilado 
      como el destino sueña y acaba por matar. 
      Era una casa rara porque nada pasaba 
      y siempre parecía que algo iba a pasar. 

    • Como si todo estuviera de nuevo comenzando 
      puesto que el dios sólo existe en tanto que instantáneo, 
      fulgurante, terrible y ¡ah!, por eso no se dice 
      ni puede repetirse 
      -¡tanto si bien se mira se parece a la muerte!-, 

    • Nosotros somos quien somos. 
      ¡Basta de Historia y de cuentos! 
      ¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos. 

      Ni vivimos del pasado, 
      ni damos cuerda al recuerdo. 
      Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos. 

    • Nosotros desapareceremos y las cosas-cosas subsistirán. A 
      fin de cuentas, los sistemas atómicos de la silla en que me 
      siento y de la copa en que bebo son más estables - es decir, 
      más inmortales - que yo. 

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