Infancia, de José Asunción Silva | Poema

    Poema en español
    Infancia

    Esos recuerdos con olor de helecho 
    Son el idilio de la edad primera. 
    G.G.G. 

     
    Con el recuerdo vago de las cosas 
    que embellecen el tiempo y la distancia, 
    retornan a las almas cariñosas, 
    cual bandadas de blancas mariposas, 
    los plácidos recuerdos de la infancia. 

    ¡Caperucita, Barba Azul, pequeños 
    liliputienses, Gulliver gigante 
    que flotáis en las brumas de los sueños, 
    aquí tended las alas, 
    que yo con alegría 
    llamaré para haceros compañía 
    al ratoncito Pérez y a Urdimalas! 

    ¡Edad feliz! Seguir con vivos ojos 
    donde la idea brilla, 
    de la maestra la cansada mano, 
    sobre los grandes caracteres rojos 
    de la rota cartilla, 
    donde el esbozo de un bosquejo vago, 
    fruto de instantes de infantil despecho, 
    las separadas letras juntas puso 
    bajo la sombra de impasible techo. 

    En alas de la brisa 
    del luminoso Agosto, blanca, inquieta 
    a la región de las errantes nubes 
    hacer que se levante la cometa 
    en húmeda mañana; 
    con el vestido nuevo hecho jirones, 
    en las ramas gomosas del cerezo 
    el nido sorprender de copetones; 
    escuchar de la abuela 
    las sencillas historias peregrinas; 
    perseguir las errantes golondrinas, 
    abandonar la escuela 
    y organizar horrísona batalla 
    en donde hacen las piedras de metralla 
    y el ajado pañuelo de bandera; 
    componer el pesebre 
    de los silos del monte levantados; 
    tras el largo paseo bullicioso 
    traer la grama leve, 
    los corales, el musgo codiciado, 
    y en extraños paisajes peregrinos 
    y perspectivas nunca imaginadas, 
    hacer de áureas arenas los caminos 
    y del talco brillante las cascadas. 

    Los Reyes colocar en la colina 
    y colgada del techo 
    la estrella que sus pasos encamina, 
    y en el portal el Niño-Dios riente 
    sobre el mullido lecho 
    de musgo gris y verdecino helecho. 

    ¡Alma blanca, mejillas sonrosadas, 
    cutis de níveo armiño, 
    cabellera de oro, 
    ojos vivos de plácidas miradas, 
    cuán bello hacéis al inocente niño!... 

    Infancia, valle ameno, 
    de calma y de frescura bendecida 
    donde es süave el rayo 
    del sol que abrasa el resto de la vida. 
    ¡Cómo es de santa tu inocencia pura, 
    cómo tus breves dichas transitorias, 
    cómo es de dulce en horas de amargura 
    dirigir al pasado la mirada 
    y evocar tus memorias!