Otra balada a la luna, de Juan Ramón Jiménez | Poema

    Poema en español
    Otra balada a la luna


    Heine, Laforgue, Verlaine... - 
    Luna de mi corazón, 
    niña blanca, si has nacido en 
    el Japón, 

    baja a mis labios tu cara 
    de flor de almendro, pues eso 
    lo necesito yo para 
    darte un beso. 

    Háblame tú con tu voz 
    de musmé fresca y gentil, 
    luna de nardo, de arroz 
    y marfil! 

    Y si fueres por tu cuna 
    noble y plácida princesa, 
    cásate conmigo, luna 
    japonesa! 

    Estás desnuda, o te endiosa 
    un velo blanco de tul? 
    Y tu carne, luna, es rosa 
    o es azul? 

    Eres pagana, o qué eres? 
    Di, qué has oído, qué has visto? 
    También turbó tus placeres 
    Jesucristo? 

    Va algún alma eterna en ti 
    a los parques de la cita? 
    Y tu hermana Ofelia? Di, 
    Margarita... 

    Te has muerto acaso? Estás yerta? 
    Se enredó un nombre a tu boca? 
    Di, luna mía, estás muerta, 
    o estás loca? 

    Tú, que entre la noche bruna, 
    en una torre amari- 
    lla, eres como un punto, oh, luna! 
    sobre una i; 

    tú, ladrada de los perros, 
    lámpara azul del amor, 
    tú, que dorabas los cerros 
    al pastor; 

    tú, Selene, tú, Diana, 
    urna de melancolía, 
    que te vaciarás mañana 
    sobre el día; 

    deja en mi frente tu estela, 
    o, como una mariposa, 
    desde tu magnolia, vuela 
    a mi rosa! 

    Luna, desde mi balcón 
    de florecidos cristales, 
    te mando este corazón 
    de rosales! 

    Sé mi novia, soberana 
    ciega, romántica muda, 
    tú que eres triste, liviana 
    y desnuda! 

    Emperatriz de jazmines, 
    bella sin años contados, 
    alma sin cuerpo, en jardines 
    estrellados! 

    Oh, rosa de plata! Oh, luna! 
    Aldea blanca y en calma, 
    sé el hogar y la fortuna 
    de mi alma! 

    Juan Ramón Jiménez (1881-1958) es un autor esencial para la poesía en lengua española. Sus propuestas estéticas marcan una línea divisoria entre el Romanticismo de Espronceda y Bécquer, bajo cuya influencia escribe sus primeros versos, y el Modernismo y las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX. Deslumbran en su poesía el rico caudal de sus luminosas imágenes y la profundidad conceptual y simbólica de sus versos. El exilio en América durante las décadas de los cuarenta y cincuenta enriquece su poesía, la cual adquiere una dimensión cósmica y mística sin precedentes en la tradición española. No en vano fue Premio Nobel de Literatura en 1956 por el conjunto de su obra.