Las flores del romero, niña Isabel, hoy son flores azules, mañana serán miel.
Celosa estás, la niña, celosa estás de aquel dichoso, pues le buscas, ciego, pues no te ve, ingrato, pues te enoja, y confiado, pues no se disculpa hoy de lo que hizo ayer. Enjuguen esperanzas lo que lloras por él, que celos entre aquéllos que se han querido bien,
hoy son flores azules, mañana serán miel.
Aurora de ti misma, que cuando a amanecer a tu placer empiezas, te eclipsan tu placer, serénense tus ojos, y más perlas no des, porque al sol le está mal lo que a la aurora bien. desata como nieblas todo lo que no ves, que sospechas de amantes y querellas después,
La más bella niña de nuestro lugar, hoy viuda y sola y ayer por casar, viendo que sus ojos a la guerra van, a su madre dice que escucha su mal: Dexadme llorar, orillas del mar...
Ándeme yo caliente y ríase la gente. Traten otros del gobierno del mundo y sus monarquías, mientras gobiernan mis días mantequillas y pan tierno, y las mañanas de invierno naranjada y aguardiente, y ríase la gente.
En los pinares de Júcar vi bailar unas serranas, al son del agua en las piedras y al son del viento en las ramas. No es blanco coro de ninfas de las que aposentan el agua o las que venera el bosque, seguidoras de Dïana: