Ay mísero de mí, de Pedro Calderón de la Barca | Poema

    Poema en español
    Ay mísero de mí

    (Fragmento de La vida es sueño) 
     
    ¡Ay mísero de mí, y ay, infelice! 

    Apurar, cielos, pretendo, 
    ya que me tratáis así 
    qué delito cometí 
    contra vosotros naciendo; 
    aunque si nací, ya entiendo 
    qué delito he cometido. 
    Bastante causa ha tenido 
    vuestra justicia y rigor; 
    pues el delito mayor 
    del hombre es haber nacido. 

    Sólo quisiera saber 
    para apurar mis desvelos 
    (dejando a una parte, cielos, 
    el delito de nacer), 
    qué más os pude ofender 
    para castigarme más. 
    ¿No nacieron los demás? 
    Pues si los demás nacieron, 
    ¿qué privilegios tuvieron 
    qué yo no gocé jamás? 

    Nace el ave, y con las galas 
    que le dan belleza suma, 
    apenas es flor de pluma 
    o ramillete con alas, 
    cuando las etéreas salas 
    corta con velocidad, 
    negándose a la piedad 
    del nido que deja en calma; 
    ¿y teniendo yo más alma, 
    tengo menos libertad? 

    Nace el bruto, y con la piel 
    que dibujan manchas bellas, 
    apenas signo es de estrellas 
    (gracias al docto pincel), 
    cuando, atrevida y crüel 
    la humana necesidad 
    le enseña a tener crueldad, 
    monstruo de su laberinto; 
    ¿y yo, con mejor instinto, 
    tengo menos libertad? 

    Nace el pez, que no respira, 
    aborto de ovas y lamas, 
    y apenas, bajel de escamas, 
    sobre las ondas se mira, 
    cuando a todas partes gira, 
    midiendo la inmensidad 
    de tanta capacidad 
    como le da el centro frío; 
    ¿y yo, con más albedrío, 
    tengo menos libertad? 

    Nace el arroyo, culebra 
    que entre flores se desata, 
    y apenas, sierpe de plata, 
    entre las flores se quiebra, 
    cuando músico celebra 
    de las flores la piedad 
    que le dan la majestad 
    del campo abierto a su huida; 
    ¿y teniendo yo más vida 
    tengo menos libertad? 

    En llegando a esta pasión, 
    un volcán, un Etna hecho, 
    quisiera sacar del pecho 
    pedazos del corazón. 
    ¿Qué ley, justicia o razón, 
    negar a los hombres sabe 
    privilegio tan süave, 
    excepción tan principal, 
    que Dios le ha dado a un cristal, 
    a un pez, a un bruto y a un ave? 

    Pedro Calderón de la Barca nació el 17 de enero de 1600 en Madrid. De familia de hidalgos, su padre era secretario del Consejo y Contaduría Mayor de Hacienda. Comenzó su formación en 1605 en Valladolid, donde la familia se había trasladado al encontrarse allí la Corte. En 1608 su padre decidió que ingresara en el Colegio Imperial de los jesuitas de Madrid, donde estuvo hasta 1613. Continuó estudios en la Universidad de Alcalá de Henares y más tarde pasó a la Universidad de Salamanca. Sin embargo, no se ordenó religioso, tal y como había deseado su padre. En cambio, se decantó por la vida militar y tomó parte en varias campañas militares al servicio del duque del Infantado en Flandes y en el norte de Italia durante 1623 y 1625. Su primera comedia conocida, Amor, honor y poder, se estrenó en Madrid en 1623 con motivo de la visita del príncipe de Gales. A su regreso de la guerra continuó escribiendo y representando dramas en la capital del reino. Lo cierto es que durante sus años mozos estuvo envuelto en varias pendencias y en broncas a causa del juego, como la violación de la clausura del Convento de las Trinitarias de Madrid en el que irrumpió persiguiendo a un rival, hecho que le ganó la enemistad de otro grande como Lope de Vega, cuya hija moraba entre aquellos muros. El éxito de sus comedias le granjeó el favor del monarca Felipe IV, quien le encargó numerosas obras para los teatros de la Corte, como El mayor encanto, amor, que inauguró el Coliseo del Palacio del Buen Retiro en 1635. Fueron años de gran prestigio, con obras como La dama duende y El príncipe constante (1629), Casa con dos puertas mala es de guardar (1632), El médico de su honra (1635), La vida es sueño (1636), No hay burlas con el amor y El mágico prodigioso (1637) o El alcalde de Zalamea (1640). En 1651 se ordenó sacerdote y dos años después obtuvo la capellanía de la catedral de Toledo. Continuó escribiendo dramas y comedias, pero las obras sacramentales ocuparon un lugar preponderante en su producción desde entonces, como es el caso de El gran teatro del mundo (1655). El rey le impuso el hábito de Santiago y le nombró su capellán personal. Tuvo una larga vida que se apagó el 25 de mayo de 1681 en la ciudad que lo vio nacer.