La casa, de Pilar Paz Pasamar | Poema

    Poema en español
    La casa

      
    La casa es como un pájaro 
    prisionero en sí mismo, 
    que no medirá nunca 
    la longitud del trino. 
    Encarcelada ella 
    que no yo, pues la habito 
    conociéndola, y pongo 
    mi cuidado y mi tino 
    en algo que no sabe 
    ni sabrá de mi cuido. 
    ¿No me siente por dentro 
    removerme, lo mismo 
    que se siente en la entraña 
    la presencia del hijo? 
    Me ignoran los cristales 
    no nos sienten los vidrios 
    tras los cuales luchamos 
    contra el mar y sus ruidos. 
    No sabe que en sus muros 
    crece el amor, que hay sitio 
    para soñar, y que hay mundos 
    y faros escondidos. 
    Ignora de qué modo 
    la nombro y la bendigo. 
    Le digo muchas cosas; 
    la pongo por testigo 
    de todos mis secretos. 
    De lejos, si la miro, 
    me parece que tiene 
    la tristeza de un niño 
    abandonado. Subo 
    sus peldaños, le digo 
    mi nombre, porque note 
    que he regresado. Giro 
    por su caliente espuma, 
    me afano por su brillo, 
    la quiero clara, alegre 
    la enciendo con mis gritos, 
    con el sol, con el aire 
    del salado vecino. 
    Casa nuestra, mi casa... 
    ¡Cómo crecen sus filos! 
    ¡Cómo crece la sombra 
    de Dios aquí escondido! 
    ¡Qué inevitable y fácil 
    la soledad, contigo!