Otro poema conjetural, de Roberto Fernández Retamar | Poema

    Poema en español
    Otro poema conjetural

    (J. L. B., 1899-1999) 
     
    Así como descreí (al menos eso he repetido) de la fama, 
    Descreí también de la inmortalidad, 
    Y es claro que hoy finado no puedo ser quien traza o dicta 
    estas líneas falsamente póstumas, 
    Pero no es menos claro que ellas no existirían sin las que 
    yo produje de veras, 
    Si es que yo y de veras tienen sentido en el extrañísimo universo 
    (Algún curioso habrá reparado en que ese superlativo no podría ser mío, 
    Pero eso no da autenticidad a las restantes palabras). 
    Afirmé que la duración del alma arbitraria está asegurada en vidas ajenas, 
    Y nada puedo hacer para impedir quedar en el autor que me atribuye este texto, 
    Y en muchos otros autores inconciliables. 
    Acaso en mí también fueron inconciliables los rostros, los estilos que asumí, 
    Y sin embargo hace tiempo los vanos diccionarios, las 
    vanas historias de la literatura 
    Los han reunido bajo tres palabras, entre dos fechas, 
    De las cuales soy el abrumado, el imaginario prisionero, no la realidad. 
    Qué mal he sido leído con demasiada frecuencia. 
    Cómo no repararon en que laberintos, bibliotecas, tigres, 
    espadas, saberes occidentales y orientales 
    Eran transparentes metáforas del pobre corazón de aquel muchacho 
    Que simplemente quería ser feliz con una muchacha 
    Como sus amigos corrientes en Buenos Aires o en Ginebra. 
    Al evocar mis antepasados, los presenté en mármol o 
    bronce, y fingí ignorar 
    Que ellos mezclaron con sus batallas lágrimas, ayes y amores. 
    La tristeza, la soledad, la desolación contribuyeron a que 
    existieran mis páginas perfectas, 
    Pero yo habría cambiado tantas de esas páginas 
    Por haber besado labios que nunca besé. 
    Dije abominar de los espejos, y no se entendió que lo que quería era verme reflejado 
    En ojos oscuros y claros bajo la gran luna de oro 
    O en la penumbra de la alcoba. 
    Me han atribuido la indeseable paternidad 
    De vocingleras sectas literarias y cenáculos de eruditos, 
    Cuando yo quería ser padre de hijas e hijos de carne y hueso. 

    Nadie extrañe dónde decidí quedar enterrado 
    Si antes no me entendió ni me ayudó a salir de mi celebrada cárcel. 
    Lamenté no haber tenido el valor de mis mayores, 
    Pero ahora que nadie puede censurármelo como jactancia 
    Proclamo que no fui menos valiente al afrontar una adversidad atroz. 
    Hubiera preferido muchas veces la bala en el pecho o el 
    íntimo cuchillo en la garganta 
    Antes que el espanto que contemplé en mí 
    Mientras pude contemplar. 

    No se olvide que no soy quien escribe estos versos. 
    No los escribe nadie.