'Era la última noche...', de Rosalía de Castro | Poema

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Título: Era la última noche...
Autora: Rosalía de Castro
Narrador: Francisco Fernández

 

 

Era la última noche...

 

I
 
Era la última noche,
la noche de las tristes despedidas,
y apenas si una lágrima empañaba
sus serenas pupilas.
Como el criado que deja
al amo que le hostiga,
arreglando su hatillo, murmuraba
casi con la emoción de la alegría:
 
—¡Llorar! ¿Por qué? Fortuna es que podamos
abandonar nuestras humildes tierras;
el duro pan que nos negó la patria,
por más que los extraños nos maltraten,
no ha de faltarnos en la patria ajena.
 
Y los hijos contentos se sonríen,
y la esposa, aunque triste, se consuela
con la firme esperanza
de que el que parte ha de volver por ella.
Pensar que han de partir, ése es el sueño
que da fuerza en su angustia a los que quedan;
cuánto en ti pueden padecer, oh, patria,
¡si ya tus hijos sin dolor te dejan!

 

II
 
Como a impulsos de lenta
enfermedad, hoy cien, y cien mañana,
hasta perder la cuenta,
racimo tras racimo se desgrana.
 
Palomas que la zorra y el milano
a ahuyentar van, del palomar nativo
parten con el afán del fugitivo,
y parten quizás en vano.
 
Pues al posar el fatigado vuelo
acaso en el confín de otra llanura,
ven agostarse el fruto que madura,
y el águila cerniéndose en el cielo.

 

  • Las campanas

    Yo las amo, yo las oigo,
    cual oigo el rumor del viento,
    el murmurar de la fuente
    o el balido de cordero.
    Como los pájaros, ellas,
    tan pronto asoma en los cielos
    el primer rayo del alba,
    le saludan con sus ecos.
    ...

  • Su ciega y loca fantasía corrió arrastrada por el vértigo...

    Su ciega y loca fantasía corrió arrastrada por el vértigo,
    tal como arrastra las arenas el huracán en el desierto.
    Y cual halcón que cae herido en la laguna pestilente,
    cayó en el cieno de la vida, rotas las alas para siempre.
    Mas aun sin alas cree o sueña que cruza el aire, los espacios,
    y aun entre el lodo se ve limpio, cual de la nieve el copo blanco.
    No maldigáis del que, ya ebrio, corre a beber con nuevo afán;
    su eterna sed es quien le lleva hacia la fuente abrasadora,
    ...

  • Ansia que ardiente crece...

    Ansia que ardiente crece,
    vertiginoso vuelo
    tras de algo que nos llama
    con murmurar incierto,
    sorpresas celestiales,
    dichas que nos asombran;
    así cuando buscamos lo escondido,
    así comienzan del amor las horas.
    ...

  • Unos con la calumnia le mancharon...

    Unos con la calumnia le mancharon,
    otros falsos amores le han mentido,
    y aunque dudo si algunos le han querido,
    de cierto sé que todos le olvidaron.
    Solo sufrió, sin gloria ni esperanza,
    cuanto puede sufrir un ser viviente;
    ¿por qué le preguntáis qué amores siente
    y no qué odios alientan su venganza?
    ...

  • Imagen
    Concepción Arenal

    Los dos perros

    Concepción Arenal

    Dos perros, uno sapiente
    y otro que nada sabía,
    estaban hablando un día
    de su vida diferente.
    «La mía -dijo el primero-
    está llena de delicias,
    hácenme todos caricias,
    como bien, y cuanto quiero.»
    ...

  • Imagen
    Paul Verlaine

    Claro de luna

    Paul Verlaine

    Vuestra alma es un exquisito paisaje,
    Que encantan máscaras y bergamascos,
    Tocando el laúd y danzando y casi
    Tristes bajo sus fantásticos disfraces.
    Siempre cantando en el tono menor,
    El amor triunfal y la vida oportuna
    Parecen no creer en su felicidad
    Y sus canciones se unen al claro de la luna.
    ...

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    Rosalía de Castro

    Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros...

    Rosalía de Castro

    Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
    ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
    lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
    de mí murmuran y exclaman:
    —Ahí va la loca soñando
    con la eterna primavera de la vida y de los campos,
    y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
    y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
    ...

  • Imagen
    Concepción Arenal

    El anteojo

    Concepción Arenal

    Juan y Pedro, una disputa
    trabaron, estrepitosa,
    sobre si grande una cosa
    era, o si era diminuta.
    La mano en el corazón
    juraban decir verdad
    ambos con sinceridad,
    y uno sólo con razón.
    ...