Rosalía de Castro

Poemas de Rosalía de Castro



  • Las campanas

    Yo las amo, yo las oigo,
    cual oigo el rumor del viento,
    el murmurar de la fuente
    o el balido de cordero.
    Como los pájaros, ellas,
    tan pronto asoma en los cielos
    el primer rayo del alba,
    le saludan con sus ecos.
    ...




  • Dicen que no hablan las...

    Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
    ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
    lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
    de mí murmuran y exclaman:
    —Ahí va la loca soñando
    con la eterna primavera de la vida y de los campos,
    y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
    y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
    ...




  • Hora tras hora, día tras día...

    Hora tras hora, día tras día,
    entre el cielo y la tierra que quedan
    eternos vigías,
    como torrente que se despeña
    pasa la vida.
    Devolvedle a la flor su perfume
    después de marchita;
    de las ondas que besan la playa
    ...




  • Del mar azul las...

    Del mar azul las transparentes olas
    mientras blandas murmuran
    sobre la arena, hasta mis pies rodando,
    tentadoras me besan y me buscan.
    Inquietas lamen de mi planta el borde,
    lánzanme airosas su nevada espuma,
    y pienso que me llaman, que me atraen
    hacia sus salas húmedas.
    ...




  • Cuando sopla el norte duro...

    Cuando sopla el Norte duro
    y arde en el hogar el fuego,
    y ellos pasan por mi puerta
    flacos, desnudos y hambrientos,
    el frío hiela mi espíritu,
    como debe helar su cuerpo,
    y mi corazón se queda,
    al verles ir sin consuelo,
    ...




  • Era la última noche...

    Era la última noche,
    la noche de las tristes despedidas,
    y apenas si una lágrima empañaba
    sus serenas pupilas.
    Como el criado que deja
    al amo que le hostiga,
    arreglando su hatillo, murmuraba
    casi con la emoción de la alegría:
    ...




  • Su ciega y loca fantasía...

    Su ciega y loca fantasía corrió arrastrada por el vértigo,
    tal como arrastra las arenas el huracán en el desierto.
    Y cual halcón que cae herido en la laguna pestilente,
    cayó en el cieno de la vida, rotas las alas para siempre.
    Mas aun sin alas cree o sueña que cruza el aire, los espacios,
    y aun entre el lodo se ve limpio, cual de la nieve el copo blanco.
    No maldigáis del que, ya ebrio, corre a beber con nuevo afán;
    su eterna sed es quien le lleva hacia la fuente abrasadora,
    ...




  • Del antiguo camino a lo largo...

    Del antiguo camino a lo largo,
    ya un pinar, ya una fuente aparece,
    que brotando en la peña musgosa
    con estrépito al valle desciende,
    y brillando del sol a los rayos
    entre un mar de verdura se pierde,
    dividiéndose en limpios arroyos
    que dan vida a las flores silvestres
    ...




  • En su cárcel de espinos y...

    En su cárcel de espinos y rosas
    cantan y juegan mis pobres niños,
    hermosos seres, desde la cuna
    por la desgracia ya perseguidos.
    En su cárcel se duermen soñando
    cuán bello es el mundo cruel que no vieron,
    cuán ancha la tierra, cuán hondos los mares,
    cuán grande el espacio, qué breve su huerto.
    ...




  • Ansia que ardiente crece...

    Ansia que ardiente crece,
    vertiginoso vuelo
    tras de algo que nos llama
    con murmurar incierto,
    sorpresas celestiales,
    dichas que nos asombran;
    así cuando buscamos lo escondido,
    así comienzan del amor las horas.
    ...




  • Unos con la calumnia le...

    Unos con la calumnia le mancharon,
    otros falsos amores le han mentido,
    y aunque dudo si algunos le han querido,
    de cierto sé que todos le olvidaron.
    Solo sufrió, sin gloria ni esperanza,
    cuanto puede sufrir un ser viviente;
    ¿por qué le preguntáis qué amores siente
    y no qué odios alientan su venganza?
    ...




  • Ya siente que te extingues en...

    Ya siente que te extingues en su seno,
    llama vital, que dabas
    luz a su espíritu, a su cuerpo fuerzas,
    juventud a su alma.
    Ya tu calor no templará su sangre,
    por el invierno helada,
    ni harás latir su corazón, ya falto
    de aliento y de esperanza.
    ...




  • Candente está la atmósfera...

    Candente está la atmósfera;
    explora el zorro la desierta vía;
    insalubre se torna
    del limpio arroyo el agua cristalina,
    y el pino aguarda inmóvil
    los besos inconstantes de la brisa.
    Imponente silencio
    agobia la campiña;
    ...




  • La canción que oyó en sueños...

    A la luz de esa aurora primaveral, tu pecho
    vuelve a agitarse ansioso de glorias y de amor.
    ¡Loco…!, corre a esconderte en el asilo oscuro
    donde ya no penetra la viva luz del sol.
    Aquí tu sangre torna a circular activa,
    y tus pasiones tornan a rejuvenecer…
    huye hacia el antro en donde aguarda resignada
    por la infalible muerte la implacable vejez.
    ...