Precio de la verdad, de Carlos Bousoño | Poema

    Poema en español
    Precio de la verdad

    En el desván antiguo de raída memoria, 
    detrás de la cuchara de palo con carcoma, 
    tras el vestuario viejo ha de encontrarse, o junto al muro 
    desconchado, en el polvo 
    de siglos. Ha de encontrarse acaso más allá del pálido gesto de una mano 
    vieja de algún mendigo, o en la ruina del alma 
    cuando ha cesado todo. 
    Yo me pregunto si es preciso el camino 
    polvoriento de la duda tenaz, el desaliento súbito 
    en la llanura estéril, bajo el sol de justicia, 
    la ruina de toda esperanza, el raído harapo del 
    miedo la desazón invencible a mitad del sendero que conduce al torreón 
    derruido. 
    Yo me pregunto si es preciso dejar el camino real 
    y tomar a la izquierda por el atajo y la trocha, 
    como si nada hubiera quedado atrás en la casa desierta. 
    Me pregunto si es preciso ir sin vacilación al horror de la noche, 
    penetrar el abismo, la boca del lobo, 
    caminar hacia atrás, de espaldas hacia la negación 
    o invertir la verdad, en el desolado camino. 
    O si más bien es preciso el sollozo de polvo en la confusión del verano 
    terrible, o en el trastornado amanecer del alcohol con trompetas de sueño 
    saberse de pronto absolutamente desiertos, o mejor, 
    es quizá necesario haberse perdido en el sucio trato del amor, 
    haber contratado en la sombra un ensueño, 
    comprado por precio una reminiscencia de luz, un encanto 
    de amanecer tras la colina, hacia el río. 
    Admito la posibilidad de que sea absolutamente preciso 
    haber descendido, al menos alguna vez, hasta el fondo del edificio oscuro, 
    haber bajado a tientas el peligro de la desvencijada escalera, que amenaza a 
    ceder a cada paso nuestro, 
    y haber penetrado al fin con valentía en la indignidad, en el sótano oscuro. 
    Haber visitado el lugar de la sombra, 
    el territorio de la ceniza, donde toda vileza reposa 
    junto a la telaraña paciente. Haberse avecinado en el polvo, 
    haberlo masticado con tenacidad en largas horas de sed 
    o de sueño. Haber respondido con valor o temeridad al silencio 
    o la pregunta postrera y haberse allí percatado y rehecho. 
    Es necesario haberse entendido con la malhechora verdad 
    que nos asalta en plena noche y nos devela de pronto y nos roba 
    hasta el último céntimo. Haber mendigado después largos días 
    por los barrios más bajos de uno mismo, sin esperanza de recuperar lo perdido, 
    y al fin, desposeídos, haber continuado el camino sincero y entrado en la noche 
    absoluta con valor todavía.