El hombre con ojos bonitos, de Charles Bukowski | Poema

    Poema en español
    El hombre con ojos bonitos

    Cuando éramos niños  
    había una casa rara  
    siempre llena de sombras  
    dibujadas  
    y nunca se oían voces  
    ahí  
    y el patio estaba lleno de  
    bambú  
    y nos gustaba jugar en  
    el bambú  
    a que éramos Tarzán  
    (aunque no había ninguna  
    Jane).  
    Y había un  
    estanque grande  
    de peces,  
    lleno de los peces dorados más gordos  
    que hayan sido visto,  
    y eran mansos,  
    venían a la superficie del agua  
    y tomaban los pedazos de pan  
    que les dábamos. Nuestros padres nos habían  
    dicho:  
    “Nunca se acerquen a esa  
    casa”.  
    Así que, por supuesto,  
    fuimos ahí.  
    Nos preguntábamos si alguien  
    vivía ahí.  
    Fuimos semana tras semana y  
    nunca vimos  
    a nadie. Entonces, un día  
    escuchamos  
    una voz  
    que venía de la casa:  
    “¡Malditos  
    miserables!” Era la voz de un  
    hombre. Luego, la puerta delantera  
    de la casa  
    se abrió  
    y el hombre  
    salió. Sostenía un  
    vaso de whiskey  
    con su mano  
    derecha.  
    Tenía como 30  
    años.  
    Había un cigarro  
    en su  
    boca y  
    necesitaba una rasurada.  
    Su pelo era salvaje,  
    despeinado  
    y estaba descalzo  
    en playera y sin  
    pantalones.  
    Pero sus ojos  
    eran  
    brillantes,  
    resplandecían,  
    y dijo:  
    “Hola, hombrecitos,  
    ¿se están  
    divirtiendo?” Después soltó  
    una risita  
    y caminó de regreso a la  
    casa. Volvimos  
    al patio de mis padres  
    y pensamos  
    en el hombre. Nuestros padres,  
    consideramos,  
    nos querían  
    lejos de ahí  
    porque ellos  
    no quería que  
    viéramos un hombre  
    como ese,  
    un hombre fuerte  
    y natural  
    con  
    ojos  
    hermosos. Nuestros padres  
    sentían vergüenza  
    por no ser  
    como aquel  
    hombre  
    y por eso querían que  
    nos mantuviéramos  
    alejados. Pero nosotros  
    volvimos  
    a la casa  
    del bambú  
    y de los peces  
    mansos.  
    Volvimos  
    muchas veces  
    semana tras semana  

    pero nunca  
    vimos  
    al hombre  
    de nuevo. Las sombras  
    cayeron  
    como siempre,  
    reinaba el silencio. Entonces, un día  
    cuando regresábamos de  
    la escuela  
    vimos la  
    casa. Había sido quemada,  
    no quedó ni rastro,  
    sólo los cimientos  
    chamuscados y  
    retorcidos,  
    y fuimos al  
    estanque de peces  
    y no había  
    agua  
    y los gordos peces color naranja  
    estaban muertos. Volvimos al patio  
    de mis padres  
    y pensamos en ello.  
    Consideramos que  
    nuestros padres habían  
    quemado esa  
    casa  
    y matado  
    a los peces  
    porque  
    todo eso era  
    demasiado hermoso.  
    Hasta el bosque de bambú  
    fue arrasado. Ellos tuvieron  
    miedo del  
    hombre de los  
    ojos  
    bellos. Entonces tuvimos  
    miedo de que  
    a lo largo de nuestras vidas  
    siguieran pasando  
    cosas como ésa,  
    que nadie quisiera  
    a nadie que fuera  
    así de fuerte y hermoso,  
    que otros nunca lo  
    permitirían  
    y que  
    mucha gente moriría.

    Charles Bukowski nació en Adernach, (1920-1994). Vivió en su infancia y adolescencia en un entorno familiar y social violento, hecho que marcaría el devenir de su posterior producción literaria. Pieza capital de la que se vino en llamar generación beat, su vida fue tan radical como las historias narradas en sus propias obras. Adicto al sexo, las drogas y el alcohol, su literatura, casi autobiográfica, es fiel reflejo de su lucha contra el aburguesamiento y la comodidad. Su realismo descarnado y lírico y su humor ácido y desencantado han influido en multitud de escritores de generaciones posteriores.