Cuentos

Audiolibros de cuentos cortos, y no tan cortos.
Narrador: Francisco Fernández.

 

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Audiolibro de La metamorfosis, de Franz Kafka

Título: La metamorfosis
Autor: Franz Kafka
Narrador: Francisco Fernández

 

Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto. Estaba echado de espaldas sobre un duro caparazón y, al alzar la cabeza, vio su vientre convexo y oscuro, surcado por curvadas callosidades sobre el que casi no se aguantaba la colcha, que estaba a punto de escurrirse hasta el suelo.



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Audiolibro de Cuentos de Leopoldo Alas 'Clarín'

Título: La Ronca
Autor: Leopoldo Alas 'Clarín'
Narrador: Francisco Fernández

 

Juana González era otra dama joven en la compañía de Petra Serrano, pero además era otra doncella de Petra, aunque de más categoría que la que oficialmente desempeñaba el cargo.



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Audiolibro de Silencio, de Edgar Allan Poe

Título: Silencio
Autor: Edgar Allan Poe
Narrador: Francisco Fernández

 

-Escúchame -dijo el demonio, poniendo una mano sobre mi cabeza-. El país que te digo está en una región lúgubre. Se encuentra en Libia, junto a las orillas del Zaire. Allí no existe descanso ni silencio.



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Audiolibro de Adiós cordera, de Leopoldo Alas 'Clarín'

Título: ¡Adiós, Cordera!
Autor: Leopoldo Alas 'Clarín'
Narrador: Francisco Fernández

 

Eran tres: ¡siempre los tres! Rosa, Pinín y la Cordera.

El prao Somonte era un recorte triangular de terciopelo verde tendido, como una colgadura, cuesta abajo por la loma. Uno de sus ángulos, el inferior, lo despuntaba el camino de hierro de Oviedo a Gijón. Un palo del telégrafo, plantado allí como pendón de conquista, con sus jícaras blancas y sus alambres paralelos, a derecha e izquierda, representaba para Rosa y Pinín el ancho mundo desconocido, misterioso, temible, eternamente ignorado.



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Audiolibro de Cuentos de Leopoldo Alas 'Clarín'

Título: La conversión de Chiripa
Autor: Leopoldo Alas 'Clarín'
Narrador: Francisco Fernández

 

Llovía a cántaros y un viento furioso, que Chiripa no sabía que se llamaba el Austro, barría el mundo, implacable; despojaba de transeúntes las calles como una carga de caballería, y torciendo los chorros que caían de las nubes, los convertía en látigos que azotaban oblicuos