'La muchacha que no ha visto el mar', de Enrique González Martínez | Poema

Título: La muchacha que no ha visto el mar
Autor: Enrique González Martínez
Narrador: Francisco Fernández

 

 

La muchacha que no ha visto el mar

 

Rosa, la pobre Rosa, no ha visto nunca el mar.

Echa a volar su sueño en el campo vecino,
a la alondra demanda el secreto del trino
cuando lanza a los vientos su canción matinal;
sabe de dónde nace la fuente rumorosa,
distingue con su nombre a cada mariposa
y oye correr el agua y se pone a soñar...

Yo le pregunto: Rosa,
¿no has visto nunca el mar?

En infantil asombro menea dulcemente
la cabecita rubia ; sobre la blanca frente
cruza por vez primera una sombra fugaz,
y se sacian sus ojos en el breve horizonte
que a dos pasos limitan la verdura del monte,
el arroyo de plata y el tupido juncal.
Oye hablar a la selva, cuya voz escondida
guarda aun su misterio... ¡Es tan corta la vida
para saberlo todo...! Siente la inmensidad
de lo breve y humilde en el ritmo diverso
que palpita en el alma de su pobre universo,
y ante lo ignoto siente un ansia de llorar.
Del instante que pasa, la virtud milagrosa
le revela el espíritu que vive en cada cosa
y su blanca inocencia pugna por alcanzar
un recóndito enigma...
Y yo pienso que Rosa
no ha visto nunca el mar...

 

  • La muchacha que no ha visto el mar

    Rosa, la pobre Rosa, no ha visto nunca el mar.
    Echa a volar su sueño en el campo vecino,
    a la alondra demanda el secreto del trino
    cuando lanza a los vientos su canción matinal;
    sabe de dónde nace la fuente rumorosa,
    distingue con su nombre a cada mariposa
    y oye correr el agua y se pone a soñar...
    Yo le pregunto: Rosa,
    ...

  • Tuércele el cuello al cisne

    Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
    que da su nota blanca al azul de la fuente;
    él pasea su gracia no más, pero no siente
    el alma de las cosas ni la voz del paisaje.
    Huye de toda forma y de todo lenguaje
    que no vayan acordes con el ritmo latente
    de la vida profunda… y adora intensamente
    la vida, y que la vida comprenda tu homenaje.
    ...

  • Federico García Lorca

    Voces de muerte sonaron
    cerca del Guadalquivir.
    Voces antiguas que cercan
    voz de clavel varonil.
    Les clavó sobre las botas
    mordiscos de jabalí.
    En la lucha daba saltos
    jabonados de delfín.
    ...

  • Antonio Machado

    Yo voy soñando caminos
    de la tarde. ¡Las colinas
    doradas, los verdes pinos,
    las polvorientas encinas!...
    ¿Adónde el camino irá?
    Yo voy cantando, viajero
    a lo largo del sendero...
    -la tarde cayendo está-.
    ...

  • Ángel González

    Una revolución.
    Luego una guerra.
    En aquellos dos años —que eran
    la quinta parte de toda mi vida—,
    ya había experimentado sensaciones distintas.
    Imaginé más tarde
    lo que es la lucha en calidad de hombre.
    Pero como tal niño,
    ...

  • Luis Gonzaga Urbina

    Era un cautivo beso enamorado
    de una mano de nieve, que tenía
    la apariencia de un lirio desmayado
    y el palpitar de un ave en la agonía.
    Y sucedió que un día,
    aquella mano suave
    de palidez de cirio,
    de languidez de lirio,
    ...