'Tuércele el cuello al cisne', de Enrique González Martínez | Poema

Título: Tuércele el cuello al cisne
Autor: Enrique González Martínez
Narrador: Francisco Fernández

 

 

Tuércele el cuello al cisne

 

Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
que da su nota blanca al azul de la fuente;
él pasea su gracia no más, pero no siente
el alma de las cosas ni la voz del paisaje.

Huye de toda forma y de todo lenguaje
que no vayan acordes con el ritmo latente
de la vida profunda… y adora intensamente
la vida, y que la vida comprenda tu homenaje.

Mira al sapiente búho cómo tiende las alas
desde el Olimpo, deja el regazo de Palas
y posa en aquel árbol el vuelo taciturno…

Él no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta
pupila, que se clava en la sombra, interpreta
el misterioso libro del silencio nocturno.

 

  • La muchacha que no ha visto el mar

    Rosa, la pobre Rosa, no ha visto nunca el mar.
    Echa a volar su sueño en el campo vecino,
    a la alondra demanda el secreto del trino
    cuando lanza a los vientos su canción matinal;
    sabe de dónde nace la fuente rumorosa,
    distingue con su nombre a cada mariposa
    y oye correr el agua y se pone a soñar...
    Yo le pregunto: Rosa,
    ...

  • Tuércele el cuello al cisne

    Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
    que da su nota blanca al azul de la fuente;
    él pasea su gracia no más, pero no siente
    el alma de las cosas ni la voz del paisaje.
    Huye de toda forma y de todo lenguaje
    que no vayan acordes con el ritmo latente
    de la vida profunda… y adora intensamente
    la vida, y que la vida comprenda tu homenaje.
    ...

  • Mario Benedetti

    Quizá fue una hecatombe de esperanzas
    un derrumbe de algun modo previsto
    ah pero mi tristeza solo tuvo un sentido
    todas mis intuiciones se asomaron
    para verme sufrir
    y por cierto me vieron
    hasta aquí había hecho y rehecho
    mis trayectos contigo
    ...

  • Miguel Hernández

    Yo quiero ser llorando el hortelano
    de la tierra que ocupas y estercolas,
    compañero del alma, tan temprano.
    Alimentando lluvias, caracolas
    y órganos mi dolor sin instrumento,
    a las desalentadas amapolas
    daré tu corazón por alimento.
    Tanto dolor se agrupa en mi costado
    ...

  • César Vallejo

    He almorzado solo ahora, y no he tenido
    madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua,
    ni padre que, en el facundo ofertorio
    de los choclos, pregunte para su tardanza
    de imagen, por los broches mayores del sonido.
    Cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba a servir
    de tales platos distantes esas cosas,
    cuando habrase quebrado el propio hogar,
    ...

  • Pedro Salinas

    Para vivir no quiero
    islas, palacios, torres.
    ¡Qué alegría más alta:
    vivir en los pronombres!
    Quítate ya los trajes,
    las señas, los retratos;
    yo no te quiero así,
    disfrazada de otra,
    ...