Si yo pudiera morder la tierra toda y sentirle el sabor sería más feliz por un momento... Pero no siempre quiero ser feliz es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural... No todo es días de sol y la lluvia cuando falta mucho, se pide. Por eso tomo la infelicidad con la felicidad. Naturalmente como quien no se extraña con que existan montañas y planicies y que haya rocas y hierbas... Lo que es necesario es ser natural y calmado en la felicidad o en la infelicidad. Sentir como quien mira. Pensar como quien anda, y cuando se ha de morir, Recordar que el día muere y que el poniente es bello y es bella la noche que queda. Así es y así sea.
Llueve en silencio, que esta lluvia es muda y no hace ruido sino con sosiego. El cielo duerme. Cuando el alma es viuda de algo que ignora, el sentimiento es ciego. Llueve. De mí (de este que soy) reniego...
Ven a sentarte conmigo, Lidia a la orilla del río. Con sosiego miremos su curso y aprendamos que la vida pasa, y no estamos cogidos de la mano. (Enlacemos las manos.)
Sentir todo de todas las maneras, tener todas las opiniones, ser sincero contradiciéndose a cada minuto, aborrecerse a sí mismo por la plena libertad de espíritu, y amar a las cosas como Dios.
Pasado mañana, sí. Pero sólo pasado mañana... Mañana me pasaré el día pensando en pasado mañana, y así será posible; pero hoy no... No, hoy nada; hoy no puedo. La persistencia confusa de mi subjetividad objetiva, el sueño de mi vida real, intercalado,
Oí contar que otrora, cuando en Persia hubo no sé qué guerra, en tanto la invasión ardía en la Ciudad y las hembras gritaban, dos jugadores de ajedrez jugaban su incesante partida.