Si usted no tiene una cuenta en Suiza
no entenderá este poema,
no entenderá las noticias,
las causas de la guerra,
las semanas de siete días.
Porque si usted no tiene una cuenta en Suiza
no es nadie. No está invitado a la fiesta.
Le servirá de poco vocear las condiciones climáticas,
conocer el interés de la deuda o la longitud del riesgo,
los costes de la llamada o su anchura de pecho,
el largo de chaqueta o su contorno de cuello;
el producto interior cero en sobres cerrados allende los impuestos.
Yo no tengo una cuenta en Suiza
pero me gustaría ocultarla.
Me gustaría barajar las cartas, partir el bacalao,
transferir la divisa según la franja horaria,
estafar con el reglamento en la mano, explotar una burbuja;
con una nariz anónima oler el mercado negro,
especular con el precio del precio
hasta que no cupieran los ceros en un cheque en blanco.
Si usted no tiene una cuenta corriente en Suiza
debería tenerla, vacía,
para entender este poema.
Una vez quise ser bibliotecario
para matar moscas en el trabajo,
regañar a algún huérfano de libro,
traslucir sinopsis de una máscara,
adivinar la signatura pendiente.
Ni los sabios son inmunes a la ignorancia
ebria en dirección contraria.
Dame un minuto por favor.
Me gustaría hablar
en este aciago día
sobre la...
sobre la paz en el mundo:
Aprovecho esta...
a ver si me dejan.
Hay quienes cobran la baja
mientras trabajan,
y quienes trabajan
pero nunca cobrarán paro.
Hay quienes se dan de alta
y no trabajan
y quienes son pobres y/o trabajan
y/o como esclavos
y/o sin contrato.
El sol de la timidez
me lame la nuca,
eriza las ideas
en atascado fluir del verbo,
lengua sin idioma,
paladar sin verso.
¿A qué sabe un poema?
¿De qué color son los sueños?
Blanco, amarillo, violeta
amargo, si no es compartido.
Como si el amor,
como si la vida,
reducidos a este
casi todo, casi juntos,
casi siempre.
Ella, aquella lejana
forma de expresión,
balanza en equilibrio
de días fugaces,
de atmósferas infinitas.
Es preferible
ser hermano del hambre
a sobrino de la opulencia.
En estos tiempos
de venta de nuevos conceptos
a través de la ignorancia misma
es fácil estar del lado
de lo innecesario.
Se llaman estromatolitos,
sedientos devoradores de luz
a milenios defecando oxígeno.
Bacterias como yo y como tú
en mitad del universo; seres vivos.
Creadores de viento y lluvia,
dioses minúsculos, diosas burbuja.