Ni los sabios son inmunes a la ignorancia
ebria en dirección contraria.
La lectura, el pensar, la palabra;
inversiones del alma que no desgravan
ni cubren el coste del mañana.
Algo, quizá, aligeran la deuda temprana;
tal vez, si acaso, ejercitan silencio y buen habla.
Cosas tristemente innecesarias
para construir una casa,
para pagar una casa,
para derribar la casa.
Se aprende más de una bacteria
que de mil farsantes de izquierda-derecha-izquierda.
Se siente el calor de una estrella
cuando se apagan las velas...
... y la normalidad es de cera.
Los normales
compran porque no tienen,
conservan porque no venden,
venden porque no quieren.
Normalmente, a los normales
no les gusta vivir
viciando el aire,
talando árboles,
asfixiando mares.
Los normales sólo quieren ser más normales
que el salario mínimo
y los beneficios sociales.
Quieren ser plenamente normales:
rozar la exosfera con dedos de humo,
derribar un bosque de un soplido,
beberse el río de un trago
y recibir los elogios de sus normales.
El saber, sabiamente nos hace diferentes
a cada segundo, más ajenos, más distantes
de los maniquíes de escaparate.
Los diferentes no sueñan con ser normales,
aspiran, humildemente, a que sus diferencias
hagan a otros diferentes.
No preguntes por qué, pero me cuesta, me duele
cerrar cualquier libro por su verdad final.
Me exaspera la finitud sabida de cualquier gran historia,
el veinte por ciento abierto o cerrado de par en par.
A veces creo que he nacido para mirar al vértigo a los ojos.
No me gusta esa casa.
Hace un tiempo dejó de existir,
sin embargo sigue ahí delante.
El interés de la deuda soberana no cabe
en un poema. La poesía es infantil frente a
dos puntos de la prima de riesgo,
el descenso de la demanda agregada o la
eficiencia de nuevos mecanismos de esperanza.
Cuando se agota la paciencia,
siempre cae de ningún lado esta guerra.
Yo también quiero un jardín jugando
a las muñecas, una casa de madera limpia,
de aire fresco y ventanas de seda.
Uno empieza antes de esperar
que de sí surjan los motivos,
las guías, los objetivos a financiar.
Uno jugando a ser uno mismo
aprende los turnos, las cifras del azar
no exento del éxito de la probabilidad.
Si no te quise mañana,
por qué iba a quererte hoy, así,
como te querré en épocas pasadas.
Los planetas no se alinean
con las salamandras,
hojas secas se visten de guerras
bajo esta suela descalza.
Ni los sabios son inmunes a la ignorancia
ebria en dirección contraria.
Una vez quise ser bibliotecario
para matar moscas en el trabajo,
regañar a algún huérfano de libro,
traslucir sinopsis de una máscara,
adivinar la signatura pendiente.