Yo significa espejo.
Una ciudad habitada por tantos
sujetos abiertos,
a veces, omitidos a un párrafo.
La casa es una casa
si se usa como casa.
Si no, es un edificio,
un desahucio, una estafa
al arquitecto, al vendedor
de cemento, al que coloca
los ladrillos. Un museo
sin importancia.
Yo no es el espejo de yo mismo.
Tú siempre serás distancia.
Él, irremediablemente ajeno.
Nosotros, el refugio.
Vosotros, vecindad del enemigo.
Ellos, mafia inagotable.
La frontera son alambres
de miedo filtrando el acento
de quien no es mesurable
por los números de su atuendo.
Yo: soy un hermano del término.
Innecesario se dice. Se define
a un extremo del significado.
Yo como metáfora del margen.
Amor: centro de mi vocabulario,
Sol de mi sistema sintáctico,
ortografía de mis labios.
Contigo,
poeta es más sinónimo,
yo significo espejo.
No preguntes por qué, pero me cuesta, me duele
cerrar cualquier libro por su verdad final.
Me exaspera la finitud sabida de cualquier gran historia,
el veinte por ciento abierto o cerrado de par en par.
A veces creo que he nacido para mirar al vértigo a los ojos.
No me gusta esa casa.
Hace un tiempo dejó de existir,
sin embargo sigue ahí delante.
El interés de la deuda soberana no cabe
en un poema. La poesía es infantil frente a
dos puntos de la prima de riesgo,
el descenso de la demanda agregada o la
eficiencia de nuevos mecanismos de esperanza.
Cuando se agota la paciencia,
siempre cae de ningún lado esta guerra.
Yo también quiero un jardín jugando
a las muñecas, una casa de madera limpia,
de aire fresco y ventanas de seda.
Uno empieza antes de esperar
que de sí surjan los motivos,
las guías, los objetivos a financiar.
Uno jugando a ser uno mismo
aprende los turnos, las cifras del azar
no exento del éxito de la probabilidad.
Si no te quise mañana,
por qué iba a quererte hoy, así,
como te querré en épocas pasadas.
Los planetas no se alinean
con las salamandras,
hojas secas se visten de guerras
bajo esta suela descalza.
Ni los sabios son inmunes a la ignorancia
ebria en dirección contraria.
Una vez quise ser bibliotecario
para matar moscas en el trabajo,
regañar a algún huérfano de libro,
traslucir sinopsis de una máscara,
adivinar la signatura pendiente.