Si no te quise mañana,
por qué iba a quererte hoy, así,
como te querré en épocas pasadas.
Los planetas no se alinean
con las salamandras,
hojas secas se visten de guerras
bajo esta suela descalza.
Si no te quise mañana
será por las olas de mi cabeza,
no será por las mareas ensalzadas
que tocaban tras la puerta.
Cuando todo deje de ser inercia
gobernada por la baba,
los mudos por fin crean
que es nada mas algo la nada.
Por qué iba a quererte así, lastrada
por las dulces apariencias
y tu zarza conciencia innata;
ser mierda en un pecho sin tierra.
Las naturalezas son ciertas,
no son vagones o estaciones saladas,
hayan sido consecuencias
las naturalezas no son esclavas.
Como te querré en épocas pasadas
no he querido nunca quien siembra,
como te quiero, ya tarde, ya nada,
recoger más juntos, siempre cosecha.
Ya sé lo que me pasa.
Hube de mutilar ciertas rutinas
(ruinas)
excavarme el torácico sueño
(suelto)
pero ya lo sé y no hay distancia
que lo niegue.
Ya sé qué soy. Y tantas otras.
No me gusta esa casa.
Hace un tiempo dejó de existir,
sin embargo sigue ahí delante.
Cuando se agota la paciencia,
siempre cae de ningún lado esta guerra.
Yo también quiero un jardín jugando
a las muñecas, una casa de madera limpia,
de aire fresco y ventanas de seda.
El interés de la deuda soberana no cabe
en un poema. La poesía es infantil frente a
dos puntos de la prima de riesgo,
el descenso de la demanda agregada o la
eficiencia de nuevos mecanismos de esperanza.
Si no te quise mañana,
por qué iba a quererte hoy, así,
como te querré en épocas pasadas.
Los planetas no se alinean
con las salamandras,
hojas secas se visten de guerras
bajo esta suela descalza.
Los pájaros no lloran.
Agua distante y solidez,
la lágrima del iceberg.
La sombra ingaseosa:
sedimento de la opacidad.
El mar como consecuencia
o profundidad. La almohada
del retorno eterno. Retoño
de la adversidad. Quizá.
Una vez quise ser bibliotecario
para matar moscas en el trabajo,
regañar a algún huérfano de libro,
traslucir sinopsis de una máscara,
adivinar la signatura pendiente.
Uno empieza antes de esperar
que de sí surjan los motivos,
las guías, los objetivos a financiar.
Uno jugando a ser uno mismo
aprende los turnos, las cifras del azar
no exento del éxito de la probabilidad.