'Amor constante más allá de la muerte', de Francisco de Quevedo | Poema

Título: Amor constante más allá de la muerte
Autor: Francisco de Quevedo
Narrador: Francisco Fernández

 

 

Amor constante más allá de la muerte

 

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

 

NOTAS DE LA EDICIÓN

1-4 - Léase "la postrera sombra que me llevare el blanco día (la muerte) podrá cerrar mis ojos, y podrá desatar (liberar) del cuerpo a esta alma mía, y esa hora (ese momento) será lisonjera (grata) a su afán ansioso (su deseo vehemente)".
5-8 - Léase "pero mi alma no dejará la memoria en la otra ribera, la de los vivos, ya que mi llama (mi amor) sabe quebrantar la ley inexorable de la muerte, que hace que el recuerdo amoroso desaparezca".
9 - "todo un dios": Cupido, el dios del amor
10 - "humor": puede entenderse como 'vida' o 'alimento' (en la época se pensaba que el cuerpo se nutría y mantenía de ciertos 'humores' o líquidos).
11 - "medulas": con acentuación grave hasta el siglo XIX, 'tuétano de los huesos'
12-14 - Nótese la correlación simétrica de los verbos de estos versos con los sustantivos del terceto anterior: alma / dejará, venas / serán, medulas / serán.


* Soneto del ciclo amoroso 'a Lisi'. Según Dámaso Alonso, este poema es "seguramente el mejor de Quevedo, probablemente el mejor de la literatura española" (Poesía española, Madrid, Gredos, 1987, p. 526). El fuego -motivo predilecto de Quevedo- quema, perdura y vence a la muerte, logrando la continuidad del amor aun después de haber quedado todo reducido a cenizas. Difícilmente se puede expresar mejor el tema de la trascendencia amorosa, que alcanza su cénit en la rotundidad dell último verso.

  • Desde la torre

    Retirado en la paz de estos desiertos,
    con pocos, pero doctos libros juntos,
    vivo en conversación con los difuntos
    y escucho con mis ojos a los muertos.
    Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
    o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
    y en músicos callados contrapuntos
    al sueño de la vida hablan despiertos.
    ...

  • Pinta a un doctor en medicina que se quería casar

    Pues me hacéis casamentero,
    Ángela de Mondragón,
    escuchad de vuestro esposo
    las grandezas y el valor.
    Él es un Médico honrado,
    por la gracia del Señor,
    que tiene muy buenas letras
    en el cambio y el bolsón.
    ...

  • Pronuncia con sus nombres los trastos y miserias de la vida

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    luego viene la mu, con mama y coco,
    síguense las viruelas, baba y moco,
    y luego llega el trompo y la matraca.
    En creciendo, la amiga y la sonsaca,
    con ella embiste el apetito loco,
    en subiendo a mancebo, todo es poco,
    y después la intención peca en bellaca.
    ...

  • Amor constante más allá de la muerte

    Cerrar podrá mis ojos la postrera
    sombra que me llevare el blanco día,
    y podrá desatar esta alma mía
    hora a su afán ansioso lisonjera;
    mas no, de esotra parte, en la ribera,
    dejará la memoria, en donde ardía:
    nadar sabe mi llama la agua fría,
    y perder el respeto a ley severa.
    ...

  • Francisco de Quevedo

    Retirado en la paz de estos desiertos,
    con pocos, pero doctos libros juntos,
    vivo en conversación con los difuntos
    y escucho con mis ojos a los muertos.
    Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
    o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
    y en músicos callados contrapuntos
    al sueño de la vida hablan despiertos.
    ...

  • Fray Miguel de Guevara

    No me mueve, mi Dios, para quererte
    el cielo que me tienes prometido,
    ni me mueve el infierno tan temido
    para dejar por eso de ofenderte.
    Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
    clavado en una cruz y escarnecido,
    muéveme ver tu cuerpo tan herido,
    muévenme tus afrentas y tu muerte.
    ...

  • Francisco de Quevedo

    Pues me hacéis casamentero,
    Ángela de Mondragón,
    escuchad de vuestro esposo
    las grandezas y el valor.
    Él es un Médico honrado,
    por la gracia del Señor,
    que tiene muy buenas letras
    en el cambio y el bolsón.
    ...

  • Francisco de Quevedo

    Madre, yo al oro me humillo,
    él es mi amante y mi amado,
    pues de puro enamorado
    de contino anda amarillo.
    Que pues doblón o sencillo
    hace todo cuanto quiero,
    poderoso caballero
    es don Dinero.
    ...