'La planicie y su espejo', de Juan Larrea | Poema 🎧📚

Título: La planicie y su espejo
Autor: Juan Larrea
Narrador: Francisco Fernández

 

 

La planicie y su espejo

 

Donde hay un muerto hay un remordimiento. No basta haber empañado los vidrios más amargos, haber libertado los ríos de sus cursos, haber concebido un robo de corderos en la niebla. Las pasiones permanecen siempre allí confusas y deshinchadas, reducidas a roer las uñas de la luz, vergonzosas y deshinchadas a la hora de abatir la frente, como las medias de las lágrimas en las orillas del corazón. Fácil es decir: mañana irás de nuevo a ver el lugar donde naciste. Pero un muerto sigue estando allí.

Un muerto, en verdad, no es más que un muerto, volumen aprisionado en la aureola de un postrer suspiro. Pero ¿qué hacer con los árboles que dejó a medio acabar, una rama en el rencor otra en la borrasca? Si se las sacudiese se verían caer algunos rostros ya demasiado inmóviles. Mas ¿qué función viene a desempeñar en mi pecho, por qué me registra a esa velocidad que torna los caminos más pálidos, qué es lo que mide, qué es lo que espera como el alma de un pez separado de sus leguas marinas por un movimiento irreflexivo?

Un muerto, he aquí un muerto. Sus cabellos debieron haber sido dedicados a la conmiseración de los días. Su boca fue tan disputada por mañana y tarde que aún lograron arrancarle aalgunas sonrisas. Hele aquí rígido como una flauta ofrecida a la resistencia de los aires más fríos, tirante entre dos intemperies, creyendo poseer de punta a punta la longitud entera, mas sin llegar siquiera a ser tan largo como su silencio.

 

La planicie y su espejo

Donde hay un muerto hay un remordimiento.
No basta haber empañado los vidrios más
amargos, haber libertado los ríos de sus cursos,
haber concebido un robo de corderos en la niebla.
Las pasiones permanecen siempre allí
confusas y deshinchadas, reducidas
a roer las uñas de la luz, vergonzosas
y deshinchadas a la hora de abatir la frente,
...

Espinas cuando nieva

Suéñame suéñame aprisa estrella de tierra
cultivada por mis párpados cógeme por mis asas de sombra
alócame de alas de mármol ardiendo estrella estrella entre mis cenizas
Poder poder al fin hallar bajo mi sonrisa la estatua
de una tarde de sol los gestos a flor de agua
los ojos a flor de invierno
Tú que en la alcoba del viento estás velando
la inocencia de depender de la hermosura volandera
...

José María Eguren

La niña de la lámpara azul

En el pasadizo nebuloso
cual mágico sueño de Estambul,
su perfil presenta destelloso
la niña de la lámpara azul.
Ágil y risueña se insinúa,
y su llama seductora brilla,
tiembla en su caballo la garúa
de la playa de la maravilla.
...

César Vallejo

Voy a hablar de la esperanza

Yo no sufro este dolor como César Vallejo.
Yo no me duelo ahora como artista,
como hombre ni como simple ser vivo siquiera.
Yo no sufro este dolor como católico,
como mahometano ni como ateo.
Hoy sufro solamente.
Si no me llamase César Vallejo,
también sufriría este mismo dolor.
...

Paul Géraldy

Despedida

Conque entonces, adiós. ¿No olvidas nada?
Bueno, vete... Podemos despedirnos.
¿Ya no tenemos nada qué decirnos?
Te dejo, puedes irte...
Aunque no, espera, espera todavía
que pare de llover... Espera un rato.
Y sobre todo, ve bien abrigada,
pues ya sabes el frío que hace allí afuera.
...

Mario Benedetti

A la izquierda del roble

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
en el que uno puede sentirse árbol o prójimo
siempre y cuando se cumpla un requisito previo.
Que la ciudad exista tranquilamente lejos.
El secreto es apoyarse digamos en un tronco
y oír a través del aire que admite ruidos muertos
cómo en Millán y Reyes galopan los tranvías.
...