Vámonos a soñar al jardín solitario... Allí, bajo el boscaje de laurel, las violetas y las rosas perfuman un místico sagrario hecho para las novias de los tristes poetas.
Ha nacido la luna, y su níveo sudario inunda de tristeza las lejanas siluetas... y al frescor de la brisa nocturna, el incensario de la tierra embriaga las soledades quietas.
Vámonos a soñar bajo el tibio boscaje de laurel; las guirnaldas del argénteo ramaje dejan ver lo infinito de los cielos profundos...
Enlazadas mis manos en tus manos de nardo, estaremos la noche mirando el dulce y tardo titilar somnoliente de los lejanos mundos.
La niña sonríe: «¡Espera, voy a cojer la muleta!» Sol y rosas. La arboleda movida y fresca, dardea limpias luces verdes. Gresca de pájaros, brisas nuevas. La niña sonríe: «¡Espera, voy a cojer la muleta!» Un cielo de ensueño y seda,
Le han puesto al niño un vestido absurdo, loco, ridículo; le está largo y corto; gritos de colores le han prendido por todas partes. Y el niño se mira, se toca, erguido. Todo le hace reír al mico, las manos en los bolsillos…