María Tecum, de Roque Dalton | Poema

    Poema en español
    María Tecum


    Los días de leyenda en que me amabas sin hacer preguntas 
    hicieron que la ciudad tomara la cara de un juguete 

    como en los nacimientos al dejarte en las noches 
    iba a mi casa alegre por calles de aserrín 

    En el espejo tembloroso y tristón de los charcos 
    me miraba la cara al lado de la luna 
    me buscaban tus besos para que no alumbrasen 
    los sueños de los pájaros perdidos en mi almohada 

    Policías de barro y gallos de hojalata en silencio 
    se burlaban de mí guiñándose a saber cómo los inmóviles ojos 
    y es que e a mi paso hasta los dormidos chismeaban con envidia 
    en sus habitaciones 
    decían que tú eras la novia del niño Dios 

    Con musgo arrancado de donde nacen los Chorros de Colón 
    me esperaban los jardines del sueño con su frescura verde 
    pero el calor de la punta de tus dedos había sido una puñalada tan honda 
    que al amanecer el nixtamalero lavaba en mis pupilas 
    como en dos huacalitos de sangre su gran ojo desnudo 

    Entre árboles de papel de china vestidos desde el corazón del añil 
    pasaba el nuevo día escuchando una orquesta de arcángeles ancianos 
    que con su cabello de algodón formaban nuevos ríos en la brisa 

    Después yo te encontraba a la par del crepúsculo 
    -con su alto árbol de fuego incendiado de veras- 
    y lamía en tus manos la piel del mazapán 

    En los alrededores los muñecos con mejillas de flor 
    bebían sus cervezas de polen y humo 

    Ay pero a los pocos meses se te ocurrió crecer y te me fuiste lejos 
    con un horrible gesto de persona mayor 
    desde entonces la ciudad recobró también su tamaño de siempre 
    y en sus negras calles de asfalto los ciudadanos pegan con las manos 
    a mi alma de muchachito triste que todavía necesita jugar.