Entrada de año, de Álvaro Sarró | Poema

    Poema en español
    Entrada de año

    Eres un inútil.
    No das un palo al agua.
    Eres un inútil.
    Lo único que haces es levantarte a la una.
    Eres un inútil.
    Lo único que haces es pasarte el santo día tirado en el sofá.
    ERES UN INÚTIL.

    Encerrado en el viejo Focus.
    Contemplo el cadáver del Olmo centenario de Berzosa.
    Y a un perro callejero, de nostálgicos dulces ojos.
    Mientras exprimo una galleta blandengue.
    Entre la lengua y el paladar.

    No soy fuerte.
    Soy una piltrafa.
    Me gustaría ser como Clint Eastwood.
    No hundirme por estas chorradas.
    Que tu madre piense que eres un chupóptero y un vago: un fracasado prematuro.
    Que tus colegas piensen que eres un ególatra.
    Que los profesionales del sector piensen que eres un niñato.
    Que tu ángel de ojos enormes no piense en ti, en absoluto.

    Por eso escribo esta mierda de líneas.
    Para decirte a ti, al que respiras al otro lado, que no deberías de tomarme en serio.

    Joder.
    Y sólo estamos a dos de enero.

    • Tirado en la vieja mecedora.
      En la terraza del apartamento playero.
      Alzo la lata de Estrella Damm.
      Como si fuera el Santo Grial.
      Bebo con los ojos cerrados.
      El agua condensada gotea sobre mi ombligo.
      Acerco esta cerveza mediterránea a mis ojos miopes.

    • El dolor de tripa.
      Las mismas trabas a la hora de narrar.
      Todo le suena pretencioso, envasado, artificial.
      Debe recuperar la furia de días pasados.
      Entonces, las historias brotaban como pus.
      Removían mentalidades.
      Eso es lo que trata de hacer.

    • A veces, estando solo en mi habitación, lloro de angustia.
      Procuro no hacer ruido, por lo que, generalmente, me cuesta respirar.
      Escribir no consigue aliviar este miedo a perder a los míos.
      Vivo atenazado por el temor de que cada instante compartido sea el último.

    • Almuerzo en un bar, junto al metro de Avenida de la Ilustración.
      Bocadillo de calamares, tercio de Mahou, puñado de torreznos y 1984.
      Entro a currar en hora y media.
      Tic tac, tic tac.
      Aquí dentro se está de lujo.

    • Las sirenas azules aúllan atravesando la avenida.
      A toda velocidad.
      Dos, cuatro, seis.
      Se saltan semáforos.
      Provocan frenazos.
      E improperios.
      En Vicálvaro deben de tener mucho follón.
      O un menú del día que te cagas.
      Jornada tras jornada.

    • Al sexto cubata solía fantasear con:
      Cambiar su jotabé-cola por un acá-cuarentaysiete.
      Entrar en la pista central.
      Abrirse paso entre la multitud.
      - Entre los cavernícolas que se empujan como ciervos.
      - Entre las féminas de largas piernas y labios rojos.

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