¿Parusía inversa?, de Álvaro Sarró | Poema

    Poema en español
    ¿Parusía inversa?

    Le gustaba sorber la leche con cacao en casa de sus yayos.
    Y saborear las pastas danesas, mordisquito a mordisquito.

    También solía acariciar al perro, muy cerca de la entrepierna.
    Y enseñarle la cola al grito de '¡tuttifrutti!'.

    Otras veces, el chavalín escarbaba en la parte de atrás del huerto.
    Disfrutaba sacándose los granitos de arena de debajo de las uñas.
    Utilizaba ramitas secas y hojas de pino.
    Con estas además empalaba lombrices y crías muertas de gorrión.
    (Cuando el viento mece los nidos, el trabajo se acumula).

    No sabía quién fue Korsakow.
    Aunque escuchaba su Scheherezade Opus 35 en el viejo gramófono.
    Y daba lingotazos a la botella de anisete, cuando nadie lo veía.

    En una ocasión, soñó que contemplaba una serpiente crucificada.
    ...

    Ahora el niño está muerto.
    Terriblemente muerto.
    Apareció en el cuarto de baño.
    Metido en un hoyo.
    Bajo un puñado de losas azules cubiertas de moho.
    Y nadie sabe cómo ha llegado ahí.
    Ni por qué.

    • El dolor de tripa.
      Las mismas trabas a la hora de narrar.
      Todo le suena pretencioso, envasado, artificial.
      Debe recuperar la furia de días pasados.
      Entonces, las historias brotaban como pus.
      Removían mentalidades.
      Eso es lo que trata de hacer.

    • A veces, estando solo en mi habitación, lloro de angustia.
      Procuro no hacer ruido, por lo que, generalmente, me cuesta respirar.
      Escribir no consigue aliviar este miedo a perder a los míos.
      Vivo atenazado por el temor de que cada instante compartido sea el último.

    • Tirado en la vieja mecedora.
      En la terraza del apartamento playero.
      Alzo la lata de Estrella Damm.
      Como si fuera el Santo Grial.
      Bebo con los ojos cerrados.
      El agua condensada gotea sobre mi ombligo.
      Acerco esta cerveza mediterránea a mis ojos miopes.

    • Almuerzo en un bar, junto al metro de Avenida de la Ilustración.
      Bocadillo de calamares, tercio de Mahou, puñado de torreznos y 1984.
      Entro a currar en hora y media.
      Tic tac, tic tac.
      Aquí dentro se está de lujo.

    • Las sirenas azules aúllan atravesando la avenida.
      A toda velocidad.
      Dos, cuatro, seis.
      Se saltan semáforos.
      Provocan frenazos.
      E improperios.
      En Vicálvaro deben de tener mucho follón.
      O un menú del día que te cagas.
      Jornada tras jornada.

    • Al sexto cubata solía fantasear con:
      Cambiar su jotabé-cola por un acá-cuarentaysiete.
      Entrar en la pista central.
      Abrirse paso entre la multitud.
      - Entre los cavernícolas que se empujan como ciervos.
      - Entre las féminas de largas piernas y labios rojos.

    banner cuadrado de Audible
    banner horizontal de Audible