The nest of lovers, de Claudio Rodríguez | Poema

    Poema en español
    The nest of lovers

    (Alfistron) 
     
    Y llegó la alegría 
    muy lejos del recuerdo cuando las gaviotas 
    con vuelo olvidadizo traspasado de alba 
    entre el viento y la lluvia y el granito y la arena, 
    la soledad de los acantilados 
    y los manzanos en pleno concierto 
    de prematura floración, la savia 
    del adiós de las olas ya sin mar 
    y el establo con nubes 
    y la taberna de los peregrinos, 
    vieja en madera de nogal negruzco 
    y de cobre con sol, y el contrabando, 
    la suerte y servidumbre, pan de ángeles, 
    quemadura de azúcar, de alcohol reseco y bello, 
    cuando subía la ladera me iban 
    acompañando y orientando hacia... 

    Y yo te veo porque yo te quiero. 
    No era la juventud, era el amor 
    cuando entonces viví sin darme cuenta 
    con tu manera de mirar al viento, 
    al fruto verdadero. Viste arañas 
    donde siempre hubo música 
    lejos de tantos sueños que iluminan 
    esa manera de mirar las puertas 
    con la sorpresa de su certidumbre, 
    pálida el alma donde nunca hubo 
    oscuridad sino agua 
    y danza. 

    Alza tu cara más porque no es una imagen 
    y no hay recuerdo ni remordimiento, 
    cicatriz en racimo, ni esperanza, 
    ni desnudo secreto, libre ya de tu carne, 
    lejos de la mentira solitaria, 
    sino inocencia nunca pasajera, 
    sino el silencio del enamorado, 
    el silencio que dura, está durando. 

    Y yo te veo porque yo te quiero. 
    Es el amor que no tiene sentido. 
    El polvo de la espuma de la alta marea 
    llega a la cima, al nido de esta casa, 
    a la armonía de la teja abierta 
    y entra en la acacia ya recién llovida 
    en las alas en himno de las gaviotas, 
    hasta en el pulso de la luz, en la alta 
    mano del viejo Terry en su taberna mientras, 
    toca con alegría y con pureza 
    el vaso aquel que es suyo. Y llega ahora 
    la niña Carol con su lucerío, 
    y la beso, y me limpia 
    cuando menos se espera. 

    Y yo te veo porque yo te quiero. 
    Es el amor que no tiene sentido. 
    Alza tu cara ahora a medio viento 
    con transparencia y sin destino en torno 
    a la promesa de la primavera, 
    los manzanos con júbilo en tu cuerpo 
    que es armonía y es felicidad, 
    con la tersura de la timidez 
    cuando se hace de noche y crece el cielo 
    y el mar se va y no vuelve 
    cuando ahora vivo la alegría nueva, 
    muy lejos del recuerdo, el dolor solo, 
    la verdad del amor que es tuyo y mío.

    Claudio Rodríguez nació en 1934 en Zamora y en 1951 se trasladó a Madrid, en cuya Universidad Complutense se licenció en Filología Románica. Se dio a conocer con Don de la ebriedad, un libro deslumbrante que en 1953 ganó el Premio Adonais. De 1958 data Conjuros, su segundo libro de poemas. Fue lector de español en Inglaterra durante ocho años, primero en la Universidad de Nottingham y luego en la de Cambridge. Allí escribió Alianza y condena (1965), Premio de la Crítica de aquel año. De vuelta en España, se dedicó a la docencia universitaria, y hasta 1976 no publicó su cuarto poemario, El vuelo de la celebración. Recibió el Premio Nacional de Poesía en 1983 e ingresó en la Real Academia Española en 1987. Merecedor del Premio Príncipe de Asturias y del Premio Reina Sofía, falleció en Madrid en 1999. Su último libro, Casi una leyenda, apareció en 1991.