No duermes bajo los cipreses,
pues no hay sueño en el mundo.
El cuerpo es la sombra de los vestidos
que cubren tu ser profundo.
Viene la noche, que es la muerte,
y la sombra acabó sin ser.
Vas en la noche sólo silueta,
igual a ti sin querer.
Mas en la Posada del Asombro
te arrancan los Ángeles la capa:
sigues sin capa en el hombro,
con lo poco que te tapa.
Entonces Arcángeles del Camino
te desvisten y te dejan desnudo.
No tienes ropas, no tienes nada:
tienes sólo tu cuerpo, que eres tú.
por fin, en la profunda caverna,
los Dioses te desvisten más.
Tu cuerpo cesa, alma externa,
mas ves que son tus iguales.
La sombra de tus vestidos
quedo entre nosotros en Ia Suerte.
No estás muerto, entre cipreses.
Neófito, no hay muerte.