San Antonio, de Nicanor Parra | Poema

    Poema en español
    San Antonio


    En un rincón de la capilla 
    el eremita se complace 
    en el dolor de las espinas 
    y en el martirio de la carne. 

    A sus pies rotos por la Iluvia 
    caen manzanas materiales 
    y la serpiente de la duda 
    silba detrás de los cristales. 

    Sus labios rojos con el vino 
    de los placeres terrenales 
    ya se desprenden de su boca 
    como coágulos de sangre. 

    Esto no es todo, sus meiillas 
    a la luz negra de la tarde 
    muestran las hondas cicatrices 
    de las espinas genitales. 

    Y en las arrugas de su frente 
    que en el vacío se debate 
    están grabados a porfía 
    los siete vicios capitales. 

    • Nicanor Parra

      Lo queramos o no 
      sólo tenemos tres alternativas: 
      el ayer, el presente y el mañana. 

      Y ni siquiera tres 
      porque como dice el filósofo 
      el ayer es ayer 
      nos pertenece sólo en el recuerdo: 
      a la rosa que ya se deshojó 
      no se le puede sacar otro pétalo. 

    • Nicanor Parra

      Yo galán imperfecto 
      yo danzarín al borde del abismo, 

      yo sacristán obsceno 
      niño prodigio de los basurales, 

      yo sobrino - yo nieto 
      yo confabulador de siete suelas, 

      yo señor de las moscas 
      yo descuartizador de golondrinas, 

    • Nicanor Parra

      Por qué te entregas a esa piedra 
      niño de ojos almendrados 
      con el impuro pensamiento 
      de derramarla contra el árbol. 
      Quien no hace nunca daño a nadie 
      no se merece tan mal trato. 
      Ya sea sauce pensativo 
      ya melancólico naranjo 

    • Nicanor Parra


      En un rincón de la capilla 
      el eremita se complace 
      en el dolor de las espinas 
      y en el martirio de la carne. 

      A sus pies rotos por la Iluvia 
      caen manzanas materiales 
      y la serpiente de la duda 
      silba detrás de los cristales. 

    • Nicanor Parra

      Juro que no recuerdo ni su nombre, 
      mas moriré llamándola María, 
      no por simple capricho de poeta: 
      por su aspecto de plaza de provincia. 
      ¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros, 
      ella una joven pálida y sombría. 
      Al volver una tarde del Liceo