El beso, de Ramón de Campoamor | Poema

    Poema en español
    El beso

    Mucho hace el que mucho ama. 
    (Kempis, lib. I, cap. XV) 

     

       I 


    Me han contado que al morir 
    un hombre de corazón, 
    sintió o presumió sentir 
    en Cádiz repercutir 
    un beso dado en Cantón. 
    ¿Qué es imposible, Asunción? 
    Veinte años hace que di 
    el primer beso ¡ay de mí 
    de mi primera pasión!, 
    ¡y todavía Asunción, 
    aquel frío que sentí 
    hace arder mi corazón! 



       II 


    Desde la ciega atracción, 
    beso que da el pedernal, 
    subiendo hasta la oración, 
    último beso mental, 
    es el beso la expansión 
    de esa chispa celestial 
    que inflamó la creación, 
    y que en su curso inmortal 
    va, de crisol en crisol, 
    su intensa llama a verte 
    en la atmósfera del ser 
    que de un beso encendió el sol. 



       III 


    De la cuna al ataúd 
    va siendo el beso, a su vez 
    «amor» en la juventud, 
    «esperanza» en la niñez, 
    en el adulto «virtud», 
    y «recuerdo» en la vejez. 



       IV 


    ¿Vas comprendiendo, Asunción, 
    que es el beso la expresión 
    de un idioma universal, 
    que, en inextinto raudal, 
    de una en otra encarnación 
    y desde una en otra edad, 
    en la mejilla es «bondad», 
    en los ojos «ilusión», 
    en la frente «majestad», 
    y entre los labios «pasión»? 



       V 


    ¿Nunca se despierta en ti 
    un recuerdo, como en mí, 
    de un amante que se fue? 
    Si, me contestas que sí 
    eso es un beso, Asunción, 
    que en alas de no sé qué, 
    trae la imaginación. 



       VI 


    ¡Gloria a esa oscura señal 
    del hado en incubación, 
    que es el germen inmortal 
    del alma en fermentación, 
    y a veces trasunto fiel 
    de todo un mundo moral 
    y si no, dígalo aquel 
    de entre el cual y bajo el cual 
    nació el alma de Platón! 



       VII 


    ¡Gloria a esa condensación 
    de toda la eternidad, 
    con cuya tierna efusión 
    a toda la humanidad 
    da la paz, la religión; 
    con la cual la caridad 
    siembra en el mundo el perdón; 
    himno a la perpetuidad, 
    cuyo misterioso son, 
    sin que lo oiga el corazón, 
    suena en la posteridad! 



       VIII 


    ¿Vas comprendiendo, Asunción? 
    Mas por si acaso no crees 
    que el beso es el conductor 
    de ese fuego encantador 
    con que a este mundo que ves 
    ha animado el Criador... 
    prueba a besarme y después 
    un beso verás cómo es 
    esa copa del amor 
    llena del vital licor 
    que en el humano festín, 
    de una en otra boca, al fin 
    llega, de afán en afán, 
    a tu boca de carmín 
    desde los labios de Adán. 



       IX 


    Prueba en mí por compasión, 
    esa clara iniciación 
    de un oscuro porvenir; 
    y entonces, bella Asunción 
    comprenderás si, al morir, 
    un hombre de corazón 
    habrá podido sentir 
    en Cádiz repercutir 
    un beso dado en Cantón.