'¡Quién supiera escribir!', de Ramón de Campoamor | Poema

Título: ¡Quién supiera escribir!
Autor: Ramón de Campoamor
Narrador: Francisco Fernández

 

 

¡Quién supiera escribir!

 

I

—Escribidme una carta, señor cura.
—Ya sé para quién es.
—¿Sabéis quién es, porque una noche oscura
nos visteis juntos? —Pues.

—Perdonad; mas... —No extraño ese tropiezo.
La noche... la ocasión...
Dadme pluma y papel. Gracias. Empiezo:
Mi querido Ramón:

—¿Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto...
—Si no queréis... —¡Sí, sí!
¡Qué triste estoy!  ¿No es eso? —Por supuesto
¡Qué triste estoy sin ti!

Una congoja, al empezar, me viene...
—¿Cómo sabéis mi mal?
—Para un viejo, una niña siempre tiene
el pecho de cristal.

¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura.
¿Y contigo? Un edén.

—Haced la letra clara, señor cura;
que lo entienda eso bien.

—El beso aquel que de marchar a punto
te di...  —¿Cómo sabéis?...
—Cuando se va y se viene y se está junto
siempre... nos os afrentéis...

Y si volver tu afecto no procura
tanto me harás sufrir...

—¿Sufrir y nada más? No, señor cura,
¡que me voy a morir!

—¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo?...
—Pues, sí, señor, ¡morir!
—Yo no pongo morir. —¡Qué hombre de hielo!
¡Quién supiera escribir!

 

II

¡Señor Rector, señor Rector! en vano
me queréis complacer,
si no encarnan los signos de la mano
todo el ser de mi ser.

Escribidle, por Dios, que el alma mía
ya en mí no quiere estar;
que la pena no me ahoga cada día.
Porque puedo llorar.

Que mis labios, las rosas de su aliento,
no se saben abrir;
que olvidan de la risa el movimiento
a fuerza de sentir.

Que mis ojos, que él tiene por tan bellos,
crgados con mi afán,
como no tienen quien se mire en ellos,
cerrados siempre están.

Que es, de cuantos tormentos he sufrido,
la ausencia el más atroz;
Que es un perpetuo sueño de mi oído
el eco de su voz...

Que siendo por su causa, el alma mía
¡goza tanto en sufrir!...
Dios mío ¡cuántas cosas le diría
si supiera escribir!...

 

III

Epílogo

—Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo:
A don Ramón...  En fin,
que es inútil saber para esto arguyo
ni el griego ni el latín.

 

  • ¡Quién supiera escribir!

    —Escribidme una carta, señor cura.
    —Ya sé para quién es.
    —¿Sabéis quién es, porque una noche oscura
    nos visteis juntos? —Pues.
    —Perdonad; mas... —No extraño ese tropiezo.
    La noche... la ocasión...
    Dadme pluma y papel. Gracias. Empiezo:
    Mi querido Ramón:
    ...

  • José Asunción Silva

    Una noche
    una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas,
    Una noche
    en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
    a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda,
    muda y pálida
    como si un presentimiento de amarguras infinitas,
    ...

  • Rosalía de Castro

    Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
    ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
    lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
    de mí murmuran y exclaman:
    —Ahí va la loca soñando
    con la eterna primavera de la vida y de los campos,
    y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
    y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
    ...

  • Manuel Acuña

    Ante el recuerdo bendito
    de aquella noche sagrada
    en que la patria alherrojada
    rompió al fin su esclavitud;
    ante la dulce memoria
    de aquella hora y de aquel día,
    yo siento que en el alma mía
    canta algo como un laúd.
    ...

  • Rosalía de Castro

    Del antiguo camino a lo largo,
    ya un pinar, ya una fuente aparece,
    que brotando en la peña musgosa
    con estrépito al valle desciende,
    y brillando del sol a los rayos
    entre un mar de verdura se pierde,
    dividiéndose en limpios arroyos
    que dan vida a las flores silvestres
    ...