A los quince años, de Ramón de Campoamor | Poema

    Poema en español
    A los quince años

    No te ocupes de cosas ajenas ni 
    te entremetas en las cosas de los mayores. 
    Kempis, lib. XI.I 

     

    I. A los quince años 



    Dos hablan dentro muy quedo; 
    Rosa, que a espiar comienza, 
    oye lo que le da miedo, 
    ve lo que le da vergüenza. 
    Pues ¿qué hará, que así la espanta, 
    su amiga, a quien cree una santa? 
    No sé qué le da sonrojo, 
    mas… debe ser algo grave 
    por el ojo, 
    por el ojo de la llave. 

    El corazón se le salta 
    cuando oye hablar, y después 
    mira…, mira… y casi falta 
    la tierra bajo sus pies. 
    ¡Ay! Si ya a vuestra inocencia 
    no desfloró la experiencia, 
    no miréis por el anteojo 
    del rayo de luz que cabe 
    por el ojo, 
    por el ojo de la llave. 

    Desde que a mirar empieza, 
    de un volcán la ebullición 
    sube a encender su cabeza, 
    va a inflamar su corazón. 
    Claro, el ser que piensa y siente 
    siempre, cual ella, en la frente 
    tendrá del pudor el rojo 
    cuando de mirar acabe 
    por el ojo, 
    por el ojo de la llave. 

    De aquel anteojo a merced 
    mira más…, y más… y más… 
    y luego siente esa sed 
    que no se apaga jamás. 
    Mas ¿qué ve tras de la puerta 
    que tanto su sed despierta? 
    ¿Qué? Que, a pesar del cerrojo, 
    ve de la vida la clave 
    por el ojo, 
    por el ojo de la llave. 

    Haciendo al peligro cara, 
    ve caer su ingenuidad 
    la barrera que separa 
    la ilusión de la verdad. 
    Pero ¿qué ha visto, señor? 
    Yo sólo diré al lector 
    que no hallará más que enojo 
    todo el que la vista clave 
    por el ojo, 
    por el ojo de la llave. 

    Siguen sus ojos mirando 
    que habla un hombre a una mujer, 
    y van su cuerpo inundando 
    oleadas de placer. 
    Su amiga, de gracia llena, 
    ¿no es muy buena? ¡Ah!, ¡sí, muy buena!… 
    Pero ¿hay alguien cuyo arrojo 
    de ser mirado se alabe 
    por el ojo, 
    por el ojo de la llave? 



    II. A los treinta años 



    Mas, quince años después, Rosa ya sabe 
    con ciencia harto precoz 
    que el mirar por el ojo de la llave 
    es un crimen atroz. 
    Una noche de abril, a un hombre espera: 
    la humedad y el calor 
    siempre son en la ardiente primavera 
    cómplices del amor. 
    Húmeda noche tras caliente día… 
    Rosa aguarda febril. 
    ¡Cuánta virtud sobre la tierra habría 
    si no fuera el abril! 
    Y como ella ya sabe lo que sabe, 
    después que el hombre entró, 
    de hacia el frente del ojo de la llave 
    cual de un espectro huyó. 
    y cuando al lado de él, junto a él sentada, 
    en mudo frenesí 
    se hablan ambos de amor sin decir nada, 
    Rosa prorrumpe así: 
    «¿El ojo de la llave está cerrado? 
    ¡Ay, hija de mi amor! 
    Si ella mirase, como yo he mirado… 
    Voy a cerrar mejor.»