Kinsey Report, de Rosario Castellanos | Poema

    Poema en español
    Kinsey Report




    —¿Si soy casada? Sí. Esto quiere decir 
    que se levantó un acta en alguna oficina 
    y se volvió amarilla con el tiempo 
    y que hubo ceremonia en una iglesia 
    con padrinos y todo. Y el banquete 
    y la semana entera en Acapulco. 

    No, ya no puedo usar mi vestido de boda. 
    He subido de peso con los hijos, 
    con las preocupaciones. Ya ve usted, no faltan. 

    Con frecuencia, que puedo predecir, 
    mi marido hace uso de sus derechos o, 
    como él gusta llamarlo, paga el débito 
    conyugal. Y me da la espalda. Y ronca. 
    Yo me resisto siempre. Por decoro. 
    Pero, siempre también, cedo. Por obediencia. 

    No, no me gusta nada. 
    De cualquier modo no debería de gustarme 
    porque yo soy decente ¡y él es tan material! 

    Además, me preocupa otro embarazo. 
    Y esos jadeos fuertes y el chirrido 
    de los resortes de la cama pueden 
    despertar a los niños que no duermen después 
    hasta la madrugada. 





    Soltera, sí. Pero no virgen. Tuve 
    un primo a los trece años. 

    Él de catorce y no sabíamos nada. 
    Me asusté mucho. Fui con un doctor 
    que me dio algo y no hubo consecuencias. 

    Ahora soy mecanógrafa y algunas veces salgo 
    a pasear con amigos. 
    Al cine y a cenar. Y terminamos 
    la noche en un motel. Mi mamá no se entera. 

    Al principio me daba vergüenza, me humillaba 
    que los hombres me vieran de ese modo 
    después. Que me negaran 
    el derecho a negarme cuando no tenía ganas 
    porque me habían fichado como puta. 

    Y ni siquiera cobro. Y ni siquiera 
    puedo tener caprichos en la cama. 
    Son todos unos tales. ¿Qué que por qué lo hago? 
    Porque me siento sola. O me fastidio. 

    Porque ¿no lo ve usted? estoy envejeciendo. 
    Ya perdí la esperanza de casarme 
    y prefiero una que otra cicatriz 
    a tener la memoria como un cofre vacío. 





    Divorciada. Porque era tan mula como todos. 
    Conozco a muchos más. Por eso es que comparo. 

    De cuando en cuando echo una cana al aire 
    para no convertirme en una histérica. 

    Pero tengo que dar el buen ejemplo 
    a mis hijas. No quiero que su suerte 
    se parezca a la mía. 





    Tengo ofrecida a Dios esta abstinencia, 
    ¡por caridad, no entremos en detalles! 

    A veces sueño. A veces despierto derramándome 
    y me cuesta un trabajo decirle al confesor 
    que, otra vez, he caído porque la carne es flaca. 

    Ya dejé de ir al cine. La oscuridad ayuda 
    y la aglomeración en los elevadores. 

    Creyeron que me iba a volver loca 
    pero me estaba atendiendo un médico. Masajes. 

    Y me siento mejor. 





    A los indispensables (como ellos se creen) 
    los puede usted echar a la basura, 
    como hicimos nosotras. 

    Mi amiga y yo nos entendemos bien. 
    Y la que manda es tierna, como compensación:; 
    así como también la que obedece 
    es coqueta y se toma sus revanchas. 

    Vamos a muchas fiestas, viajamos a menudo 
    y en el hotel pedimos 
    un solo cuarto y una sola cama. 

    Se burlan de nosotras pero también nosotras 
    nos burlarnos de ellos y quedamos a mano. 

    Cuando nos aburramos de estar solas 
    alguna de los dos irá a agenciarse un hijo. 

    ¡No, no de esa manera! En el laboratorio 
    de la inseminación artificial. 





    Señorita. Sí, insisto. Señorita. 

    Soy joven. Dicen que no fea. Carácter 
    llevadero. Y un día 
    vendrá el Príncipe Azul, porque se lo he rogado 
    como un milagro a San Antonio. Entonces 
    vamos a ser felices. Enamorados siempre. 

    ¡Qué importa la pobreza! Y si es borracho 
    lo quitaré del vicio. Si es mujeriego 
    yo voy a mantenerme siempre tan atractiva, 
    tan atenta a sus gustos, tan buena ama de casa, 
    tan prolífica madre 
    y tan extraordinaria cocinera, 
    que se volverá fiel como premio a mis méritos, 
    entre los que el mayor es la paciencia. 

    Lo mismo que mis padres y los de mi marido 
    celebraremos nuestras bodas de oro 
    con gran misa solemne. 

    No, no he tenido novio. No, ninguno 
    todavía. Mañana.