Muchacha fea ante el espejo, de Victoriano Crémer | Poema

    Poema en español
    Muchacha fea ante el espejo


    Tímidamente pregunto 
    por mi carne de nardo 
    a los hondos espejos de la noche, 
    en la soledad de las alcobas. 

    Como ríos inmóviles, naciendo de improviso, 
    la imagen desolada me devuelven, 
    en un oscuro grito sumergido: 

    (Mi quebrada cintura, el amplio abrazo, 
    que sostienen mis hombros; 
    mis duros besos, la mirada 
    de doliente tigresa 
    y este mi vientre estéril 
    que soporta su brío de mar encadenado. ) 

    Los encajes marchitan sus frescas azucenas 
    entre olor de manzanas; 
    y los oscuros cuencos que contendrán mis senos 
    se esparcen como rosas quemadas en la espera. 

    ¿Qué tonos violentos, qué descrinados potros 
    romperán con sus cascos mis helados cristales, 
    mi azorado silencio, 
    mi soledad, poblada de nieblas y rubores? 

    Me siento desvelada por manos de ceniza, 
    recorrida por tristes miradas compasivas, 
    evitada por sauces y ríos vigorosos 
    a quienes doy mi blanco desnudo palpitante. 

    Lejanas voces claman. 
    Cuerpos, como montañas, se golpean, se funden, 
    y su lava se vierte 
    sobre la vida ávida, fecundando sus brotes... 

    Rompen ríos de sangre sus oscuras cortezas, 
    y entre bosques, se buscan 
    y mezclan sus furiosos caudales enemigos 
    elevando a los cielos sus sangrientos despojos. 

    Y yo, sola, me busco 
    entre espejos siniestros; 
    sin encajes ni lágrimas, con mi triste desnudo 
    —¡Oh fealdad doliente!—, 
    saltándome a los labios 
    como un perro, en la triste soledad de mi alcoba...