Cada poema, de Álvaro Mutis | Poema

    Poema en español
    Cada poema

    Cada poema un pájaro que huye 
    del sitio señalado por la plaga. 
    Cada poema un traje de la muerte 
    por las calles y plazas inundadas 
    en la cera letal de los vencidos. 
    Cada poema un paso hacia la muerte, 
    una falsa moneda de rescate, 
    un tiro al blanco en medio de la noche 
    horadando los puentes sobre el río, 
    cuyas dormidas aguas viajan 
    de la vieja ciudad hacia los campos 
    donde el día prepara sus hogueras. 
    Cada poema un tacto yerto 
    del que yace en la losa de las clínicas, 
    un ávido anzuelo que recorre 
    el limo blando de las sepulturas. 
    Cada poema un lento naufragio del deseo, 
    un crujir de los mástiles y jarcias 
    que sostienen el peso de la vida. 
    Cada poema un estruendo de lienzos que derrumban 
    sobre el rugir helado de las aguas 
    el albo aparejo del velamen. 
    Cada poema invadiendo y desgarrando 
    la amarga telaraña del hastío. 
    Cada poema nace de un ciego centinela 
    que grita al hondo hueco de la noche 
    el santo y seña de su desventura. 
    Agua de sueño, fuente de ceniza, 
    piedra porosa de los mataderos, 
    madera en sombra de las siemprevivas, 
    metal que dobla por los condenados, 
    aceite funeral de doble filo, 
    cotidiano sudario del poeta, 
    cada poema esparce sobre el mundo 
    el agrio cereal de la agonía. 

    • Pienso a veces que ha llegado la hora de callar. 
      Dejar a un lado las palabras, 
      las pobres palabras usadas 
      hasta sus últimas cuerdas, 
      vejadas una y otra vez 
      hasta haber perdido 
      el más leve signo 
      de su original intención 

    • Por los árboles quemados después de la tormenta. 
      Por las lodosas aguas del delta. 
      Por lo que hay de persistente en cada día. 
      Por el alba de las oraciones. 
      Por lo que tienen ciertas hojas 
      en sus venas color de agua 
      profunda y en sombra. 

    • In memoriam J. G. D. 
       
      Bien sea en la orilla del río que baja de la cordillera 
      golpeando sus aguas contra troncos y metales dormidos, 
      en el primer puente que lo cruza y que atraviesa el tren 
      en un estruendo que se confunde con el de las aguas; 

    • Que te acoja la muerte 
      con todos tus sueños intactos. 
      Al retorno de una furiosa adolescencia, 
      al comienzo de las vacaciones que nunca te dieron, 
      te distinguirá la muerte con su primer aviso. 
      Te abrirá los ojos a sus grandes aguas, 

    • Un llanto 
      un llanto de mujer 
      interminable, 
      sosegado, 
      casi tranquilo. 
      En la noche, un llanto de mujer me ha despertado. 
      Primero un ruido de cerradura, 
      después unos pies que vacilan 
      y luego, de pronto, el llanto. 
      Suspiros intermitentes 

    • Cala tu miseria, 
      sondéala, conoce sus más escondidas cavernas. 
      Aceita los engranajes de tu miseria, 
      ponla en tu camino, ábrete paso con ella 
      y en cada puerta golpea 
      con los blancos cartílagos de tu miseria. 
      Compárala con la de otras gentes