Ciudad, de Álvaro Mutis | Poema

    Poema en español
    Ciudad

    Un llanto 
    un llanto de mujer 
    interminable, 
    sosegado, 
    casi tranquilo. 
    En la noche, un llanto de mujer me ha despertado. 
    Primero un ruido de cerradura, 
    después unos pies que vacilan 
    y luego, de pronto, el llanto. 
    Suspiros intermitentes 
    como caídos de un agua interior, 
    densa, 
    imperiosa, 
    inagotable, 
    como esclusa que acumula y libera sus aguas 
    o como hélice secreta 
    que detiene y reanuda su trabajo 
    trasegando el blanco tiempo de la noche. 
    Toda la ciudad se ha ido llenando de este llanto, 
    hasta los solares donde se amontonan las basuras, 
    bajo las cúpulas de los hospitales, 
    sobre las terrazas del verano, 
    en las discretas celdas de la prostitución, 
    en los papeles que se deslizan por solitarias avenidas, 
    con el tibio vaho de ciertas cocinas militares, 
    en las medallas que reposan en joyeros de teca, 
    un llanto de mujer que ha llorado largamente 
    en el cuarto vecino, 
    por todos los que cavan su tumba en el sueño, 
    por los que vigilan la mina del tiempo, 
    por mí que lo escucho 
    sin conocer otra cosa 
    que su frágil rodar por la intemperie 
    persiguiendo las calladas arenas del alba. 

    • Pienso a veces que ha llegado la hora de callar. 
      Dejar a un lado las palabras, 
      las pobres palabras usadas 
      hasta sus últimas cuerdas, 
      vejadas una y otra vez 
      hasta haber perdido 
      el más leve signo 
      de su original intención 

    • Por los árboles quemados después de la tormenta. 
      Por las lodosas aguas del delta. 
      Por lo que hay de persistente en cada día. 
      Por el alba de las oraciones. 
      Por lo que tienen ciertas hojas 
      en sus venas color de agua 
      profunda y en sombra. 

    • In memoriam J. G. D. 
       
      Bien sea en la orilla del río que baja de la cordillera 
      golpeando sus aguas contra troncos y metales dormidos, 
      en el primer puente que lo cruza y que atraviesa el tren 
      en un estruendo que se confunde con el de las aguas; 

    • Que te acoja la muerte 
      con todos tus sueños intactos. 
      Al retorno de una furiosa adolescencia, 
      al comienzo de las vacaciones que nunca te dieron, 
      te distinguirá la muerte con su primer aviso. 
      Te abrirá los ojos a sus grandes aguas, 

    • Un llanto 
      un llanto de mujer 
      interminable, 
      sosegado, 
      casi tranquilo. 
      En la noche, un llanto de mujer me ha despertado. 
      Primero un ruido de cerradura, 
      después unos pies que vacilan 
      y luego, de pronto, el llanto. 
      Suspiros intermitentes 

    • Cada poema un pájaro que huye 
      del sitio señalado por la plaga. 
      Cada poema un traje de la muerte 
      por las calles y plazas inundadas 
      en la cera letal de los vencidos. 
      Cada poema un paso hacia la muerte, 
      una falsa moneda de rescate,