Tres imágenes, de Álvaro Mutis | Poema

    Poema en español
    Tres imágenes

       I 


    La noche del cuartel fría y señera 
    vigila a sus hijos prodigiosos. 
    La arena de los patios se arremolina 
    y desaparece en el fondo del cielo. 
    En su pieza el Capitán reza las oraciones 
    y olvida sus antiguas culpas, 
    mientras su perro orina 
    contra la tensa piel de los tambores. 
    En la sala de armas una golondrina vigila 
    insomne las aceitadas bayonetas. 
    Los viejos húsares resucitan para combatir 
    a la dorada langosta del día. 
    Una lluvia bienhechora refresca el rostro 
    del aterido centinela y hace su ronda. 
    El caracol de la guerra prosigue su arrullo 



       II 


    Esta pieza de hotel donde ha dormido un 
    asesino, esta familia de acróbatas con una nube 
    azul en las pupilas, 
    este delicado aparato que fabrica gardenias, 
    esta oscura mariposa de torpe vuelo, 
    este rebaño de alces, 
    han viajado juntos mucho tiempo 
    y jamás han sido amigos. 
    Tal vez formen en el cortejo de un sueño 
    inconfesable 
    o sirvan para conjurar sobre mí 
    la tersa paz que deslíe los muertos. 



       III 


    Una gran flauta de piedra 
    señala el lugar de los sacrificios. 
    Entre dos mares tranquilos 
    una vasta y tierna vegetación de dioses 
    protege tu voz imponderable 
    que rompe cristales, 
    invade los estadios abandonados 
    y siembra la playa de eucaliptos. 
    Del polvo que levantan tus ejércitos 
    nacerá un ebrio planeta coronado de ortigas. 

    • Pienso a veces que ha llegado la hora de callar. 
      Dejar a un lado las palabras, 
      las pobres palabras usadas 
      hasta sus últimas cuerdas, 
      vejadas una y otra vez 
      hasta haber perdido 
      el más leve signo 
      de su original intención 

    • Por los árboles quemados después de la tormenta. 
      Por las lodosas aguas del delta. 
      Por lo que hay de persistente en cada día. 
      Por el alba de las oraciones. 
      Por lo que tienen ciertas hojas 
      en sus venas color de agua 
      profunda y en sombra. 

    • In memoriam J. G. D. 
       
      Bien sea en la orilla del río que baja de la cordillera 
      golpeando sus aguas contra troncos y metales dormidos, 
      en el primer puente que lo cruza y que atraviesa el tren 
      en un estruendo que se confunde con el de las aguas; 

    • Que te acoja la muerte 
      con todos tus sueños intactos. 
      Al retorno de una furiosa adolescencia, 
      al comienzo de las vacaciones que nunca te dieron, 
      te distinguirá la muerte con su primer aviso. 
      Te abrirá los ojos a sus grandes aguas, 

    • Un llanto 
      un llanto de mujer 
      interminable, 
      sosegado, 
      casi tranquilo. 
      En la noche, un llanto de mujer me ha despertado. 
      Primero un ruido de cerradura, 
      después unos pies que vacilan 
      y luego, de pronto, el llanto. 
      Suspiros intermitentes 

    • Cala tu miseria, 
      sondéala, conoce sus más escondidas cavernas. 
      Aceita los engranajes de tu miseria, 
      ponla en tu camino, ábrete paso con ella 
      y en cada puerta golpea 
      con los blancos cartílagos de tu miseria. 
      Compárala con la de otras gentes