'Los cumplimientos', de Concepción Arenal | Poema

Título: Los cumplimientos
Autora: Concepción Arenal
Narrador: Francisco Fernández

 

 

Los cumplimientos

 

Un mozalbete espigado
de los que ha tiempo gallean,
pero tan corto de genio
como era largo de piernas,
su invencible encogimiento
sentía sobremanera.
No es que era lerdo el rapaz,
distinguíase en las letras,
pero en tertulia y visita,
le aventajaba cualquiera,
y nunca logró aprender
eso que buenas maneras
llaman unos y buen tono,
otros, de educación prueba,
otros, elegancia, mundo,
y algunos pocos, simpleza,
reducido en la sustancia
(caso que sustancia tenga)
a una fraseología vana
tan inútil como hueca,
en que se miente cariño,
en que amistad se remeda,
en que se ahorra talento,
y en que se gasta paciencia.
Veíalo nuestro mozo
de muy distinta manera
y escarnecido y burlado
por galanes y bellezas,
el mísero se juzgaba
si no aprendía tal jerga;
y este dolor, para él grande,
contólo un día a su abuela.
Era una cabal señora
machucha, cristiana vieja,
un poquito socarrona,
y en mucho sesuda y cuerda.
La cual oyendo el apuro
en que su nieto se encuentra,
dejando a un lado las gafas
y con las gafas la media,
dijo: «Poco fundamento
ni razón tienen tus quejas.
Eres robusto, capaz,
de buen natural y prendas,
para las artes no manco,
ni zurdo para las ciencias;
esto es lo que sobra o basta
para estar en donde quiera
sin temor de excitar risa,
sin empacho ni vergüenza
tus afectos y razones
expresando a tu manera.
¿Qué te importa si no sabes,
con vanas palabras huecas,
mentir como mienten todos
para que nadie te crea?
¿Ni el juicio que de ti formen
por trasgresor de la regla
cuatro mozos casquivanos
y cuatro vanas coquetas?
¿Por qué sientes ignorar
eso que sabe cualquiera?
No tengas lo que te digo
por el voto de una vieja.
Yo conocí a un religioso
pájaro a fe muy de cuenta,
y oíle más de una vez
que todas esas lindezas
que cumplimientos se llaman,
son para la gente necia,
y que el genio y el talento
pueden dispensarse de ellas.
»

 

  • El temple

    «¿Decidme por qué razón
    uno al hierro, otro al acero,
    comparaba D. Antero
    a Nemesio y a León?»
    «Porque con los dos metales
    gran semejanza se advierte:
    uno débil, otro fuerte,
    vinieron al mundo iguales.
    ...

  • El sobrio y el glotón

    Había en un lugarón
    dos hombres de mucha edad,
    uno de gran sobriedad
    y el otro gran comilón.
    La mejor salud del mundo
    gozaba siempre el primero,
    estando de Enero a Enero
    débil y enteco el segundo.
    ...

  • El pajarero

    En cierto lugar habia
    un ricacho solterón
    con la más rara afición,
    o si se quiere mania.
    Y era pájaros juntar,
    con maña domesticarlos,
    y aun [a] algunos enseñarlos
    palabras a pronunciar.
    ...

  • El mastín y el gallo

    Sabido es de cada cual
    que aún mucho más que el caballo,
    entre los vanos, el gallo
    es vanidoso animal.
    Había en cierto lugar
    uno que el cuello inclinaba
    cuando la puerta pasaba
    por temor de tropezar;
    ...

  • Rosalía de Castro

    Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
    ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
    lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
    de mí murmuran y exclaman:
    —Ahí va la loca soñando
    con la eterna primavera de la vida y de los campos,
    y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
    y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
    ...

  • Alfonsina Storni

    Para decirte, amor, que te deseo,
    sin los rubores falsos del instinto.
    Estuve atada como Prometeo,
    pero una tarde me salí del cinto.
    Son veinte siglos que movió mi mano
    para poder decirte sin rubores:
    "Que la luz edifique mis amores".
    ¡Son veinte siglos los que alzo mi mano!
    ...

  • José Selgas

    Bajaron los ángeles,
    besaron su rostro,
    y cantando a su oído, dijeron:
    “Vente con nosotros.”
    Vio el niño a los ángeles,
    de su cuna en torno,
    y agitando los brazos, les dijo:
    “Me voy con vosotros.”
    ...

  • Manuel Acuña

    ¡Pues bien! yo necesito
    decirte que te adoro
    decirte que te quiero
    con todo el corazón;
    que es mucho lo que sufro,
    que es mucho lo que lloro,
    que ya no puedo tanto
    al grito que te imploro,
    ...