'Los cumplimientos', de Concepción Arenal | Poema 🎧📚

Título: Los cumplimientos
Autora: Concepción Arenal
Narrador: Francisco Fernández

 

 

Los cumplimientos

 

Un mozalbete espigado
de los que ha tiempo gallean,
pero tan corto de genio
como era largo de piernas,
su invencible encogimiento
sentía sobremanera.
No es que era lerdo el rapaz,
distinguíase en las letras,
pero en tertulia y visita,
le aventajaba cualquiera,
y nunca logró aprender
eso que buenas maneras
llaman unos y buen tono,
otros, de educación prueba,
otros, elegancia, mundo,
y algunos pocos, simpleza,
reducido en la sustancia
(caso que sustancia tenga)
a una fraseología vana
tan inútil como hueca,
en que se miente cariño,
en que amistad se remeda,
en que se ahorra talento,
y en que se gasta paciencia.
Veíalo nuestro mozo
de muy distinta manera
y escarnecido y burlado
por galanes y bellezas,
el mísero se juzgaba
si no aprendía tal jerga;
y este dolor, para él grande,
contólo un día a su abuela.
Era una cabal señora
machucha, cristiana vieja,
un poquito socarrona,
y en mucho sesuda y cuerda.
La cual oyendo el apuro
en que su nieto se encuentra,
dejando a un lado las gafas
y con las gafas la media,
dijo: «Poco fundamento
ni razón tienen tus quejas.
Eres robusto, capaz,
de buen natural y prendas,
para las artes no manco,
ni zurdo para las ciencias;
esto es lo que sobra o basta
para estar en donde quiera
sin temor de excitar risa,
sin empacho ni vergüenza
tus afectos y razones
expresando a tu manera.
¿Qué te importa si no sabes,
con vanas palabras huecas,
mentir como mienten todos
para que nadie te crea?
¿Ni el juicio que de ti formen
por trasgresor de la regla
cuatro mozos casquivanos
y cuatro vanas coquetas?
¿Por qué sientes ignorar
eso que sabe cualquiera?
No tengas lo que te digo
por el voto de una vieja.
Yo conocí a un religioso
pájaro a fe muy de cuenta,
y oíle más de una vez
que todas esas lindezas
que cumplimientos se llaman,
son para la gente necia,
y que el genio y el talento
pueden dispensarse de ellas.
»

 

Los gemelos

Robusta sucesión y numerosa
recibió el amor propio de los cielos:
Orgullo y Vanidad, tuvo gemelos
a riesgo de la vida de la esposa.
Ella enana, de talla él prodigiosa,
son los hermanos desde pequeñuelos
exento de temor uno y recelos,
otra apocada, débil y medrosa.
...

El temple

«¿Decidme por qué razón
uno al hierro, otro al acero,
comparaba D. Antero
a Nemesio y a León?»
«Porque con los dos metales
gran semejanza se advierte:
uno débil, otro fuerte,
vinieron al mundo iguales.
...

El sobrio y el glotón

Había en un lugarón
dos hombres de mucha edad,
uno de gran sobriedad
y el otro gran comilón.
La mejor salud del mundo
gozaba siempre el primero,
estando de Enero a Enero
débil y enteco el segundo.
...

El pajarero

En cierto lugar habia
un ricacho solterón
con la más rara afición,
o si se quiere mania.
Y era pájaros juntar,
con maña domesticarlos,
y aun [a] algunos enseñarlos
palabras a pronunciar.
...

José Asunción Silva

Nocturno III

Una noche
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas,
Una noche
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda,
muda y pálida
como si un presentimiento de amarguras infinitas,
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
...

Manuel Flores

Un beso nada más

Bésame con el beso de tu boca,
cariñosa mitad del alma mía,
un sólo beso el corazón invoca,
que la dicha de dos me mataría.
¡Un beso nada mas!...Ya su perfume
en mi alma derramándose, la embriaga;
y mi alma por tu beso se consume
y por mis labios impaciente vaga.
...

Rosalía de Castro

Hora tras hora, día tras día...

Hora tras hora, día tras día,
entre el cielo y la tierra que quedan
eternos vigías,
como torrente que se despeña
pasa la vida.
Devolvedle a la flor su perfume
después de marchita;
de las ondas que besan la playa
...

Rosalía de Castro

Del antiguo camino a lo largo...

Del antiguo camino a lo largo,
ya un pinar, ya una fuente aparece,
que brotando en la peña musgosa
con estrépito al valle desciende,
y brillando del sol a los rayos
entre un mar de verdura se pierde,
dividiéndose en limpios arroyos
que dan vida a las flores silvestres
...