'El gorrión y la hormiga', de Concepción Arenal | Poema

Título: El gorrión y la hormiga
Autora: Concepción Arenal
Narrador: Francisco Fernández

 

 

El gorrión y la hormiga

 
Iba un día cierta hormiga
del verano en lo más recio,
sudando a más y mejor,
camino de su granero.
Salió al paso y la detuvo
un gorrión muy atento,
haciendo una cortesía
cual pudiera un palaciego.
Ella fría contestóle
fundada, a lo que yo creo,
de previsora en la fama
que goza en el mundo entero.
Se acercó el pájaro más
y dijo en sumiso acento:
«Yo voy, señora, a pediros
un favor de mucho precio,
y a su valor será igual
mi gratitud y respeto.
Único, hermoso, querido.
Muy joven un hijo tengo
y quisiera educación
darle mejor que me dieron.
Sé que debiera enseñarle
yo mismo con el ejemplo.
Mas criéme en el desorden
y reformarme no puedo.
Para corregir sus vicios
halla poca fuerza un viejo,
pero el rapaz no los tiene
ni inveterados defectos;
y al ver vuestra economía,
vuestra exactitud y arreglo,
y que, de previsión tanta,
por fruto debido y cierto
tenéis la misma abundancia
en agosto que en enero,
mientras el hambre devora
a todos sus compañeros
que a centenares perecen
si es riguroso el invierno,
comprenderá cuánto importa
ser parco en el alimento.
Si quisierais enseñarle
su apetito conteniendo,
con un año de lecciones
y acaso, acaso con menos,
llegará tal vez a ser
un gorrión de provecho.
En cuanto a los honorarios
no dudéis que será el premio
proporcionado al servicio
que yo más que nadie precio.»
Quiso excusarse la hormiga
con mil frívolos pretextos
que el pájaro con razones
echaba por tierra luego,
hasta que al fin acosada
díjole claro: «No quiero.»
Impelido el gorrión
por el cariño paterno,
escuchando la repulsa
irritóse hasta el extremo
de amenazar con la muerte
al desventurado insecto.
Ella, al verle tan furioso,
toda temblando de miedo,
con tono humilde y contrito
echóse a sus pies diciendo:
«¡Piedad, señor! Yo disfruto
la fama que no merezco;
yo no guardo en el verano
víveres para el invierno.
Que paso como dormida
en profundísimo sueño;
y he aquí por qué los rigores
nunca del hambre padezco.»
Admiróse el gorrión
del revelado secreto,
y aunque le pareció ver
en su energía y acento
el aire de la verdad,
quedóse un tanto perplejo;
lo cual notado que fue
por el afligido insecto
dijo: «Si por el temor
habéis creído que miento,
un sabio naturalista
que vive de aquí no lejos,
decir puede sobre el caso
lo que haya de falso o cierto.»  
Parecióle al gorrión
muy razonable aquel medio,
y buscó al naturalista
y hallóle, por dicha, luego.
Díjole en cuatro palabras
de educación su proyecto,
las excusas de la hormiga,
sus dudas y sus deseos.
El sabio le respondió:
«Dice verdad el insecto.»
«Pero, señor, todo el mundo
piensa al revés.» «Ya lo creo.
Un hombre con ojos sanos
ve más que un millón de ciegos.
Como juzgar quieren todos
y el observar es molesto,
a salga lo que saliere,
hora a diestro, hora a siniestro,
al prójimo le atribuyen
cualidades o defectos,
deprimiendo la virtud
o quemando al vicio incienso.
Y este mal, que ya es antiguo,
tiene difícil remedio
si no adquieren propia voz
los hombres que ahora son ecos.»
Despidióse el gorrión
cabizbajo al oír esto,
y cuando estuvo a sus solas
dijo para su coleto:
«Así de prudente y grave
fama se adquiere y provecho,
¡así se juzgan las cosas!
¡Pues, señor, estamos frescos!
Según me ha dicho este hombre
que parece hombre de seso,
en el mundo se equivoca
lo blanco con lo que es negro.
Y si persisto en buscar
mentor a mi rapazuelo
he de hallar muchas virtudes
como ésta del hormiguero.»

 

  • El temple

    «¿Decidme por qué razón
    uno al hierro, otro al acero,
    comparaba D. Antero
    a Nemesio y a León?»
    «Porque con los dos metales
    gran semejanza se advierte:
    uno débil, otro fuerte,
    vinieron al mundo iguales.
    ...

  • El sobrio y el glotón

    Había en un lugarón
    dos hombres de mucha edad,
    uno de gran sobriedad
    y el otro gran comilón.
    La mejor salud del mundo
    gozaba siempre el primero,
    estando de Enero a Enero
    débil y enteco el segundo.
    ...

  • El pajarero

    En cierto lugar habia
    un ricacho solterón
    con la más rara afición,
    o si se quiere mania.
    Y era pájaros juntar,
    con maña domesticarlos,
    y aun [a] algunos enseñarlos
    palabras a pronunciar.
    ...

  • El mastín y el gallo

    Sabido es de cada cual
    que aún mucho más que el caballo,
    entre los vanos, el gallo
    es vanidoso animal.
    Había en cierto lugar
    uno que el cuello inclinaba
    cuando la puerta pasaba
    por temor de tropezar;
    ...

  • Rosalía de Castro

    Cuando sopla el Norte duro
    y arde en el hogar el fuego,
    y ellos pasan por mi puerta
    flacos, desnudos y hambrientos,
    el frío hiela mi espíritu,
    como debe helar su cuerpo,
    y mi corazón se queda,
    al verles ir sin consuelo,
    ...

  • Rosalía de Castro

    Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
    ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
    lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
    de mí murmuran y exclaman:
    —Ahí va la loca soñando
    con la eterna primavera de la vida y de los campos,
    y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
    y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
    ...

  • Concepción Arenal

    Juan y Pedro, una disputa
    trabaron, estrepitosa,
    sobre si grande una cosa
    era, o si era diminuta.
    La mano en el corazón
    juraban decir verdad
    ambos con sinceridad,
    y uno sólo con razón.
    ...

  • Paul Verlaine

    Vuestra alma es un exquisito paisaje,
    Que encantan máscaras y bergamascos,
    Tocando el laúd y danzando y casi
    Tristes bajo sus fantásticos disfraces.
    Siempre cantando en el tono menor,
    El amor triunfal y la vida oportuna
    Parecen no creer en su felicidad
    Y sus canciones se unen al claro de la luna.
    ...