'El río y el arroyo', de Concepción Arenal | Poema

Título: El río y el arroyo
Autora: Concepción Arenal
Narrador: Francisco Fernández

 

 

El río y el arroyo

 

Naciendo uno de ella al par
el otro en remoto suelo,
un río y un arroyuelo
llegaban.juntos al mar.
 
En ancho cauce y profundo
turbio corría el primero;
estrecho, claro y somero
deslizábase el segundo.
 
Huyendo de la mucheclumbre
y de un niño en compañía,
un hombre a dar acudía
su paseo de costumbre.
 
Este rato de solaz
aprovechóle en correr.
hizo gana de beber
y beber quiso el rapaz.
 
Díjole el padre: «¿No ves
que estás en sudor bañado?
reposa un tanto a mi lado
para que bebas después.»
 
El muchacho obedeció,
que era de condición buena.
Y sentándose en la arena
a refrescarse esperó.
 
Como está impaciente, muda
una y otra vez de asiento,
mas parándose un momento,
formal expone una duda:
 
«¿Por qué será, padre mío,
esto que siempre reparo?:
¿cómo está el arroyo claro
y no lo está nunca el río?»
 
«Hijo, allí cerca del mar
nace puro el arroyuelo,
y nada encuentra en el suelo
con que se pueda enturbiar;
 
si hallare casualmente
tierra que enturbiarle deba,
nunca a los mares la lleva
su escasa y débil corriente.
 
Viene de lejanas tierras
este río caudaloso
y por terreno fangoso
y por montes y por sierras.
 
Y pasa por las ciudades
cuya inmundicia, hijo mío,
enturbia el agua del río
como el alma sus maldades.
 
Y más la orilla dilata
y cada vez más potente,
su irresistible corriente
todo al pasar lo arrebata.
 
Enturbiado éste y profundo,
claro y no profundo aquél,
nos presenta un cuadro fiel
de lo que pasa en el mundo:
 
el que apacible y serena
busca sencilla la vida,
¿habrá cosa que le impida
hallarla dichosa y buena?
 
Mas sintiendo la inquietud
de alguna grande pasión
peligra en el corazón
la ventura y la virtud.
 
No olvides nunca, híjo mío,
que es difícil, te lo.juro,
ser como el arroyo puro
y ser grande como el río.»

 

  • El temple

    «¿Decidme por qué razón
    uno al hierro, otro al acero,
    comparaba D. Antero
    a Nemesio y a León?»
    «Porque con los dos metales
    gran semejanza se advierte:
    uno débil, otro fuerte,
    vinieron al mundo iguales.
    ...

  • El sobrio y el glotón

    Había en un lugarón
    dos hombres de mucha edad,
    uno de gran sobriedad
    y el otro gran comilón.
    La mejor salud del mundo
    gozaba siempre el primero,
    estando de Enero a Enero
    débil y enteco el segundo.
    ...

  • El pajarero

    En cierto lugar habia
    un ricacho solterón
    con la más rara afición,
    o si se quiere mania.
    Y era pájaros juntar,
    con maña domesticarlos,
    y aun [a] algunos enseñarlos
    palabras a pronunciar.
    ...

  • El mastín y el gallo

    Sabido es de cada cual
    que aún mucho más que el caballo,
    entre los vanos, el gallo
    es vanidoso animal.
    Había en cierto lugar
    uno que el cuello inclinaba
    cuando la puerta pasaba
    por temor de tropezar;
    ...

  • Alfonsina Storni

    Para decirte, amor, que te deseo,
    sin los rubores falsos del instinto.
    Estuve atada como Prometeo,
    pero una tarde me salí del cinto.
    Son veinte siglos que movió mi mano
    para poder decirte sin rubores:
    "Que la luz edifique mis amores".
    ¡Son veinte siglos los que alzo mi mano!
    ...

  • Rosalía de Castro

    Su ciega y loca fantasía corrió arrastrada por el vértigo,
    tal como arrastra las arenas el huracán en el desierto.
    Y cual halcón que cae herido en la laguna pestilente,
    cayó en el cieno de la vida, rotas las alas para siempre.
    Mas aun sin alas cree o sueña que cruza el aire, los espacios,
    y aun entre el lodo se ve limpio, cual de la nieve el copo blanco.
    No maldigáis del que, ya ebrio, corre a beber con nuevo afán;
    su eterna sed es quien le lleva hacia la fuente abrasadora,
    ...

  • Manuel Flores

    Bésame con el beso de tu boca,
    cariñosa mitad del alma mía,
    un sólo beso el corazón invoca,
    que la dicha de dos me mataría.
    ¡Un beso nada mas!...Ya su perfume
    en mi alma derramándose, la embriaga;
    y mi alma por tu beso se consume
    y por mis labios impaciente vaga.
    ...

  • José Asunción Silva

    Una noche
    una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas,
    Una noche
    en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
    a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda,
    muda y pálida
    como si un presentimiento de amarguras infinitas,
    ...