'Las dos raposas', de Concepción Arenal | Poema

Título: Las dos raposas
Autora: Concepción Arenal
Narrador: Francisco Fernández

 

 

Las dos raposas

 

Iban, a fuer de hambrientas, cavilosas
con alguna inquietud y más galvana
de julio caluroso una mañana,
muy cerca de una aldea dos raposas.
 
Tenía la una de ellas brava traza,
equívocas maneras y gazmoñas;
pero entrambas a dos eran bisoñas
en el arte difícil de la caza.
 
Llegan a una pradera que vecina
está de cierta mísera aldehuela,
párase la más diestra con cautela
atisbando muy gorda una gallina.
 
El pájaro doméstico hacia casa
iba, y paróse con visible pasmo,
admiración profunda y entusiasmo
al contemplar una perdiz que pasa.
 
«¡Ave -le dice-, que con raudo vuelo
atraviesas de nubes el celaje,
de admiración recibe el homenaje
que extasiada te envía desde el suelo...!»
 
Entonces la raposa inteligente:
«Acometamos -dice- este avechucho.»
«Vásenos a escapar, volará mucho.»
«Apostara a que no mi mejor diente.»
 
«¿Sábeslo tú?» «¡Por vida del dios Baco!
¿Pues qué? Si ella volara con destreza
¿por ventura elogiara la torpeza
con que se mueve esotro pajarraco?»
 
Bien discurren a veces las raposas;
sabe, si genios en buscar te afanas,
que el hombre a quien admiran las medianas
nunca será capaz de grandes cosas.

 

  • El temple

    «¿Decidme por qué razón
    uno al hierro, otro al acero,
    comparaba D. Antero
    a Nemesio y a León?»
    «Porque con los dos metales
    gran semejanza se advierte:
    uno débil, otro fuerte,
    vinieron al mundo iguales.
    ...

  • El sobrio y el glotón

    Había en un lugarón
    dos hombres de mucha edad,
    uno de gran sobriedad
    y el otro gran comilón.
    La mejor salud del mundo
    gozaba siempre el primero,
    estando de Enero a Enero
    débil y enteco el segundo.
    ...

  • El pajarero

    En cierto lugar habia
    un ricacho solterón
    con la más rara afición,
    o si se quiere mania.
    Y era pájaros juntar,
    con maña domesticarlos,
    y aun [a] algunos enseñarlos
    palabras a pronunciar.
    ...

  • El mastín y el gallo

    Sabido es de cada cual
    que aún mucho más que el caballo,
    entre los vanos, el gallo
    es vanidoso animal.
    Había en cierto lugar
    uno que el cuello inclinaba
    cuando la puerta pasaba
    por temor de tropezar;
    ...

  • Alfonsina Storni

    Para decirte, amor, que te deseo,
    sin los rubores falsos del instinto.
    Estuve atada como Prometeo,
    pero una tarde me salí del cinto.
    Son veinte siglos que movió mi mano
    para poder decirte sin rubores:
    "Que la luz edifique mis amores".
    ¡Son veinte siglos los que alzo mi mano!
    ...

  • Rosalía de Castro

    Su ciega y loca fantasía corrió arrastrada por el vértigo,
    tal como arrastra las arenas el huracán en el desierto.
    Y cual halcón que cae herido en la laguna pestilente,
    cayó en el cieno de la vida, rotas las alas para siempre.
    Mas aun sin alas cree o sueña que cruza el aire, los espacios,
    y aun entre el lodo se ve limpio, cual de la nieve el copo blanco.
    No maldigáis del que, ya ebrio, corre a beber con nuevo afán;
    su eterna sed es quien le lleva hacia la fuente abrasadora,
    ...

  • Manuel Flores

    Bésame con el beso de tu boca,
    cariñosa mitad del alma mía,
    un sólo beso el corazón invoca,
    que la dicha de dos me mataría.
    ¡Un beso nada mas!...Ya su perfume
    en mi alma derramándose, la embriaga;
    y mi alma por tu beso se consume
    y por mis labios impaciente vaga.
    ...

  • José Asunción Silva

    Una noche
    una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas,
    Una noche
    en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
    a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda,
    muda y pálida
    como si un presentimiento de amarguras infinitas,
    ...