'Los monos fabricantes', de Concepción Arenal | Poema

Título: Los monos fabricantes
Autora: Concepción Arenal
Narrador: Francisco Fernández

 

 

Los monos fabricantes

 

Dos monos allá en Tetuán,
personas muy principales,
eran en todo rivales
y en todo con grande afán.
 
Dioles la rivalidad
por hacerse, a estos señores,
de la industria protectores
con pública utilidad.
 
Los ilustres adversarios
dos fábricas de tejidos
establecen, escogidos
llevando los operarios.
 
Pero el más inteligente
ni con mucho se aproxima
a los productos que el clima
exige, en extremo ardiente.
 
¿Cómo hacer telas ligeras,
decían con impaciencia,
si absoluta es la carencia
de las materias primeras?
 
Y habiendo reflexionado
los directores rivales,
en busca de materiales
mandan su comisionado.
 
El uno, teniendo en cuenta
no más de la economía,
a un mono ignorante envía
que con poco se contenta.
 
El otro, un mono instruido
busca para esta misión,
dando por la comisión,
salario fijo y crecido.
 
Vienen a comprar a España
pagando en buena moneda,
uno capullos de seda,
y el otro telas de araña.
 
«¡Qué compra! -decía el necio-.
¡Qué sutil saldrá el vestido!
;Si está ya rnedio tejido!
¡Y por tan ínfimo precio!»
 
Llegan al suelo natal
con feliz navegación,
y cuenta de su misión
pónese a dar cada cual.
 
Entonces el gran señor
que por ahorrar dinero
se valió de un majadero,
conoce tarde su error.
 
Con paciencia y capital
pagó tan gran necedad,
dejando la utilidad
y la gloria a su rival.
 
Su parte a la inteligencia
negándole, como el mico,
siempre le parece al rico
que exige mucho la ciencia.
 
Y su obtuso entendimiento
no ve que, en un solo día,
destruye la tontería
más que exigiera el talento.

 

  • El temple

    «¿Decidme por qué razón
    uno al hierro, otro al acero,
    comparaba D. Antero
    a Nemesio y a León?»
    «Porque con los dos metales
    gran semejanza se advierte:
    uno débil, otro fuerte,
    vinieron al mundo iguales.
    ...

  • El sobrio y el glotón

    Había en un lugarón
    dos hombres de mucha edad,
    uno de gran sobriedad
    y el otro gran comilón.
    La mejor salud del mundo
    gozaba siempre el primero,
    estando de Enero a Enero
    débil y enteco el segundo.
    ...

  • El pajarero

    En cierto lugar habia
    un ricacho solterón
    con la más rara afición,
    o si se quiere mania.
    Y era pájaros juntar,
    con maña domesticarlos,
    y aun [a] algunos enseñarlos
    palabras a pronunciar.
    ...

  • El mastín y el gallo

    Sabido es de cada cual
    que aún mucho más que el caballo,
    entre los vanos, el gallo
    es vanidoso animal.
    Había en cierto lugar
    uno que el cuello inclinaba
    cuando la puerta pasaba
    por temor de tropezar;
    ...

  • Rosalía de Castro

    Hora tras hora, día tras día,
    entre el cielo y la tierra que quedan
    eternos vigías,
    como torrente que se despeña
    pasa la vida.
    Devolvedle a la flor su perfume
    después de marchita;
    de las ondas que besan la playa
    ...

  • Rosalía de Castro

    Yo las amo, yo las oigo,
    cual oigo el rumor del viento,
    el murmurar de la fuente
    o el balido de cordero.
    Como los pájaros, ellas,
    tan pronto asoma en los cielos
    el primer rayo del alba,
    le saludan con sus ecos.
    ...

  • Rosalía de Castro

    Cuando sopla el Norte duro
    y arde en el hogar el fuego,
    y ellos pasan por mi puerta
    flacos, desnudos y hambrientos,
    el frío hiela mi espíritu,
    como debe helar su cuerpo,
    y mi corazón se queda,
    al verles ir sin consuelo,
    ...

  • José Asunción Silva

    Una noche
    una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas,
    Una noche
    en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
    a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda,
    muda y pálida
    como si un presentimiento de amarguras infinitas,
    ...