'El murciélago y el ruiseñor', de Concepción Arenal | Poema

Título: El murciélago y el ruiseñor
Autora: Concepción Arenal
Narrador: Francisco Fernández

 

 

El murciélago y el ruiseñor

 

«¡Oh! Enojosa luz del día!
¡Del sol horrible presencia!
¡Y cuán dulce la existencia
sin vosotros gozaría!
 
¡Entonces con libertad
saliera yo a cualquier hora
sin huir como hago ahora
la enemiga claridad!
 
¿La providencia está ciega?...
¿Cómo, en mi querella triste,
aunque justicia me asiste,
siempre justicia me niega?»
 
Esto un murciélago dijo
poco antes de amanecer,
al tiempo de irse a meter
cual solía en su escondrijo.
 
Escuchóle un ruiseñor
viendo, de cólera lleno,
cómo de razón ajeno
blasfema del Criador.
 
Y díjole: «¡Miserable!
¿Cómo has osado juzgar
lo que no puede alcanzar
tu pequenez despreciable?
 
¿Ni tu estólida osadía
cómo conseguir pretende
porque tus ojos ofende
que en noche se torne el día?
 
Sabes que, si complacerte
quisiera Dios por capricho,
necio y repugnante bicho,
hallaras luego la muerte?
 
A ti, insolente hablador,
fuérate el cambio fatal,
que si la luz te hace mal
has menester el calor.
 
¿Quién en más de una ocasión
no ha visto la copia fiel
del murciélago en aquel
que maldice la razón?
 
¿Qué hicieras sin ella, di,
maldiciente a quién deslumbra?
Ella a unos pocos alumbra
y éstos te guían a tí.»

 

  • El temple

    «¿Decidme por qué razón
    uno al hierro, otro al acero,
    comparaba D. Antero
    a Nemesio y a León?»
    «Porque con los dos metales
    gran semejanza se advierte:
    uno débil, otro fuerte,
    vinieron al mundo iguales.
    ...

  • El sobrio y el glotón

    Había en un lugarón
    dos hombres de mucha edad,
    uno de gran sobriedad
    y el otro gran comilón.
    La mejor salud del mundo
    gozaba siempre el primero,
    estando de Enero a Enero
    débil y enteco el segundo.
    ...

  • El pajarero

    En cierto lugar habia
    un ricacho solterón
    con la más rara afición,
    o si se quiere mania.
    Y era pájaros juntar,
    con maña domesticarlos,
    y aun [a] algunos enseñarlos
    palabras a pronunciar.
    ...

  • El mastín y el gallo

    Sabido es de cada cual
    que aún mucho más que el caballo,
    entre los vanos, el gallo
    es vanidoso animal.
    Había en cierto lugar
    uno que el cuello inclinaba
    cuando la puerta pasaba
    por temor de tropezar;
    ...

  • Rosalía de Castro

    Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
    ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
    lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
    de mí murmuran y exclaman:
    —Ahí va la loca soñando
    con la eterna primavera de la vida y de los campos,
    y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
    y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
    ...

  • Alfonsina Storni

    Para decirte, amor, que te deseo,
    sin los rubores falsos del instinto.
    Estuve atada como Prometeo,
    pero una tarde me salí del cinto.
    Son veinte siglos que movió mi mano
    para poder decirte sin rubores:
    "Que la luz edifique mis amores".
    ¡Son veinte siglos los que alzo mi mano!
    ...

  • José Selgas

    Bajaron los ángeles,
    besaron su rostro,
    y cantando a su oído, dijeron:
    “Vente con nosotros.”
    Vio el niño a los ángeles,
    de su cuna en torno,
    y agitando los brazos, les dijo:
    “Me voy con vosotros.”
    ...

  • Manuel Acuña

    ¡Pues bien! yo necesito
    decirte que te adoro
    decirte que te quiero
    con todo el corazón;
    que es mucho lo que sufro,
    que es mucho lo que lloro,
    que ya no puedo tanto
    al grito que te imploro,
    ...