'El murciélago y el ruiseñor', de Concepción Arenal | Poema

 

El murciélago y el ruiseñor

 

«¡Oh! Enojosa luz del día!
¡Del sol horrible presencia!
¡Y cuán dulce la existencia
sin vosotros gozaría!
 
¡Entonces con libertad
saliera yo a cualquier hora
sin huir como hago ahora
la enemiga claridad!
 
¿La providencia está ciega?...
¿Cómo, en mi querella triste,
aunque justicia me asiste,
siempre justicia me niega?»
 
Esto un murciélago dijo
poco antes de amanecer,
al tiempo de irse a meter
cual solía en su escondrijo.
 
Escuchóle un ruiseñor
viendo, de cólera lleno,
cómo de razón ajeno
blasfema del Criador.
 
Y díjole: «¡Miserable!
¿Cómo has osado juzgar
lo que no puede alcanzar
tu pequenez despreciable?
 
¿Ni tu estólida osadía
cómo conseguir pretende
porque tus ojos ofende
que en noche se torne el día?
 
Sabes que, si complacerte
quisiera Dios por capricho,
necio y repugnante bicho,
hallaras luego la muerte?
 
A ti, insolente hablador,
fuérate el cambio fatal,
que si la luz te hace mal
has menester el calor.
 
¿Quién en más de una ocasión
no ha visto la copia fiel
del murciélago en aquel
que maldice la razón?
 
¿Qué hicieras sin ella, di,
maldiciente a quién deslumbra?
Ella a unos pocos alumbra
y éstos te guían a tí.»

 

Título: El murciélago y el ruiseñor
Autora: Concepción Arenal
Narrador: Francisco Fernández

 

  • El temple

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    La palabra

    Alfonsina Storni

    Naturaleza: gracias por este don supremo
    del verso, que me diste:
    yo soy la mujer triste
    a quien Caronte ya mostró su remo.
    ¿Qué fuera de mi vida sin la dulce palabra?
    como el óxido labra
    sus arabescos ocres,
    yo me grabé en los hombres, sublimes o mediocres.
    ...

  • Imagen
    Leopoldo Lugones

    La última careta

    Leopoldo Lugones

    La miseria se ríe con sórdida chuleta,
    su perro lazarillo le regala un festín.
    En sus funambulescos calzones va un poeta,
    y en su casaca el huérfano que tiene por delfín.
    El hambre es su pandero, la luna su peseta
    y el tango vagabundo su padre nuestro. Crin
    de león, la corona. Su baldada escopeta
    de lansquenete impávido suda un fogoso hollín.
    ...

  • Imagen
    Alfonsina Storni

    Veinte siglos

    Alfonsina Storni

    Para decirte, amor, que te deseo,
    sin los rubores falsos del instinto.
    Estuve atada como Prometeo,
    pero una tarde me salí del cinto.
    Son veinte siglos que movió mi mano
    para poder decirte sin rubores:
    "Que la luz edifique mis amores".
    ¡Son veinte siglos los que alzo mi mano!
    ...

  • Imagen
    Rosalía de Castro

    Del mar azul las transparentes olas...

    Rosalía de Castro

    Del mar azul las transparentes olas
    mientras blandas murmuran
    sobre la arena, hasta mis pies rodando,
    tentadoras me besan y me buscan.
    Inquietas lamen de mi planta el borde,
    lánzanme airosas su nevada espuma,
    y pienso que me llaman, que me atraen
    hacia sus salas húmedas.
    ...