'El oso y el lobo', de Concepción Arenal | Poema 🎧📚

Título: El oso y el lobo
Autora: Concepción Arenal
Narrador: Francisco Fernández

 

 

El oso y el lobo

 

En la cristalina fuente
que tan pura el agua lleva
en su rápida corriente
y se llama río Deva
cuando llega al mar potente.
 
Y de julio caluroso
como a las doce del día,
llegó a beber presuroso
de un lobo en la compañía
grande y corpulento un oso.
 
El aura suave y pura,
y la pradera florida,
y la fuente que murmura,
todo a descansar convida
y paz ofrece y ventura.
 
Sentáronse a descansar
el lobo y el oso juntos
no viendo a nadie llegar,
y después de otros asuntos
pónense de éste a tratar:
 
«Ya me acerco a la vejez,
-dijo el lobo- y por más traza
que en ello pongo, ¡pardiez!,
cada día hay menos caza
y más hambre cada vez.
 
Pasan del abril las flores
pasan las nieves de enero
sin que en estos alredores
logre atrapar un cordero
a los malditos pastores.»
 
«Te está muy bien empleado,
-respondióle grave el oso-,
¿Por qué, del hambre acosado,
no has de tragar, melindroso,
de yerba un solo bocado?
 
¿Por qué no comes manzanas
ni peras, ni moscatel,
que de nombrarle entro en ganas,
ni maíz, ni rica miel,
ni cerezas, ni avellanas?
 
¿Tiene de razón asomo
tu carnicera manía?
come de todo, cual como,
que si no, por vida mía,
flaco has de tener el lomo.
 
Si acaso de hambre te mueres
de mi cariño leal
ni el menor auxilio esperes;
no es lo que te pasa un mal
sino porque tú lo quieres.»
 
Mas el lobo replicó:
«Si comer frutas no puedo.»
«Pues qué, ¿no las como yo?
No auxiliaré, no haya miedo,
al que la razón no oyó.»
 
Así hallamos en la vida
moralistas como el oso
que intentan, cosa es sabida,
con aire majestuoso
 
así hallamos en la vida
moralistas como el oso
que intentan, cosa es sabida,
con aire majestuoso
cortarnos a su medida.
 
Poco es que la humanidad
contra sus dogmas arguya;
no hay otra felicidad
ni otra razón que la suya,
ni tampoco otra verdad.
 
Si de un pecho dolorido
no comprenden la amargura
exclaman: ¡dolor fingido!
Y es necedad o locura
la pasión que no han sentido.
 
Por no sé qué facultad
del mundo se juzgan dueños,
y su grave necedad
creced, dice a los pequeños,
y a los grandes, acortad.
 
Años hace que le oí
decir como regla a un viejo
y la guardé para mí,
que el sabio al dar un consejo
se acuerda poco de sí.

 

La fuente

Sostenía Don Cipriano
que el agua de cierta fuente
se encontraba más caliente
en invierno que en verano.
Quiso su interlocutor
saber por cuál ilusión
apariencia de razón
tenía tamaño error.
...

El vaso roto

Un chico travieso y tal
como suelen los más ser,
por jugar o por correr,
rompió un vaso de cristal.
«Era grande, hermoso, claro,
-suspirando se decía-;
tan hermoso que, a fe mía,
hubo de costar bien caro.
...

El temple

«¿Decidme por qué razón
uno al hierro, otro al acero,
comparaba D. Antero
a Nemesio y a León?»
«Porque con los dos metales
gran semejanza se advierte:
uno débil, otro fuerte,
vinieron al mundo iguales.
...

El sobrio y el glotón

Había en un lugarón
dos hombres de mucha edad,
uno de gran sobriedad
y el otro gran comilón.
La mejor salud del mundo
gozaba siempre el primero,
estando de Enero a Enero
débil y enteco el segundo.
...

Rosalía de Castro

Del mar azul las transparentes olas...

Del mar azul las transparentes olas
mientras blandas murmuran
sobre la arena, hasta mis pies rodando,
tentadoras me besan y me buscan.
Inquietas lamen de mi planta el borde,
lánzanme airosas su nevada espuma,
y pienso que me llaman, que me atraen
hacia sus salas húmedas.
...

Alfonsina Storni

Veinte siglos

Para decirte, amor, que te deseo,
sin los rubores falsos del instinto.
Estuve atada como Prometeo,
pero una tarde me salí del cinto.
Son veinte siglos que movió mi mano
para poder decirte sin rubores:
"Que la luz edifique mis amores".
¡Son veinte siglos los que alzo mi mano!
...

Concepción Arenal

La fuente

Sostenía Don Cipriano
que el agua de cierta fuente
se encontraba más caliente
en invierno que en verano.
Quiso su interlocutor
saber por cuál ilusión
apariencia de razón
tenía tamaño error.
...

Manuel Acuña

A la patria

Ante el recuerdo bendito
de aquella noche sagrada
en que la patria alherrojada
rompió al fin su esclavitud;
ante la dulce memoria
de aquella hora y de aquel día,
yo siento que en el alma mía
canta algo como un laúd.
...