'El perro y el gato', de Concepción Arenal | Poema

Título: El perro y el gato
Autora: Concepción Arenal
Narrador: Francisco Fernández

 

 

El perro y el gato

 

Si no hubo malicia o yerro
de la historia en el relato,
estábase cierto gato
mano a mano con un perro.
 
Ponderaba entusiasmado
de su maña en recompensa,
sus asaltos de despensa
sus victorias de tejado:
 
«Ya descuelgo una morcilla
aunque esté lejos del suelo,
ya en el sótano me cuelo,
ya sorprendo una guardilla.
 
Si es lerda la fregatriz
¡ay qué almuerzos!: Una polla
o la carne de la olla
y el besugo y la perdiz.
 
Aunque me dicen ¡maldito!
La maldición no me alcanza;
tenga yo llena la panza,
lo demás importa un pito.
 
No se yo por qué aprensión
estás siempre con tu tema,
es muy sencillo el dilema:
comer mal o ser ladrón.
 
No sabes lo que es buen queso,
ni buen pescado, ni flan,
ni otra cosa que mal pan
o algún descarnado hueso.
 
Y en vez de la libertad
que en mi tejado poseo,
ir con tu amo de paseo
sujeto a su voluntad.
 
¿Y cuál es de esa virtud
el gran premio, las delicias?:
Cuatro inútiles caricias,
el hambre y la esclavitud.
 
Te luces por San Martín,
si tal galardón pretendes.»
«Hablas de lo que no entiendes,
-respondió grave el mastín-;
 
no tengo grandes regalos
como te sucede a ti;
mas tampoco andan tras mí
a maldiciones y a palos.
 
Dirás que entre veces mil
diez apenas te darán,
más vale cariño y pan
que odio con dulce y pernil.
 
¿Te sonríes con malicia?
Te sonríes y no lloras,
¡miserable!, porque ignoras
lo que vale una caricia.
 
Gustárasla una vez sola,
esta que ventura llamo,
cuando me acaricia el amo
y yo meneo la cola.
 
Cuando alguno me hace mal
o si hacérmelo pretende,
mi defensa al punto emprende
aun con riesgo personal.
 
Con el afán y el ahínco
que me abalanzo a su cuello,
y el placer que tengo en ello
y (a su) alrededor corro y brinco.
 
Entonces no esclavitud
en la mansedumbre vieras,
ni tonterías dijeras
que es la dulce gratitud.
 
¡Que no tengo libertad!
¡Que la tienes tú mayor!
¿No sigo a mi bienhechor
por cariño y voluntad?
 
¿De que no puedes gozar
que gozar no debo infieres?
¡Miserable! Hay más placeres
que el de comer y robar;
 
hay más... Pero fuera yerro
decírselo al mentecato
que... ¿Puede entender un gato
la felicidad de un perro?
 
¿Sabe el goloso ruin
la dicha exenta de hiel
que en ser querido y ser fiel
puede tener un mastín?»
 
Y del perro entusiasmado
era el razonar tan grave
que responderle no sabe
el gato, y vase cortado.
 
Consejo encierra y profundo
del perro y gato la historia,
trayendo a nuestra memoria
lo que sucede en el mundo.
 
El bien que a todos excede
suele no llamarse bien,
y aun le mira con desdén
el que alcanzarle no puede.
 
Mas el juego y la carroza
y la alfombrada escalera,
eso lo entiende cualquiera
porque cualquiera lo goza.
 
Y la común medianía
ni muy buena ni muy mala,
ve del perverso la gala
sin comprender su agonía.
 
Que juzgando por sí mismo
juzga el vulgo siempre mal
el dolor del criminal
y el placer del heroísmo.
 
Y si penetrar pudiera
de entrambos el corazón,
que ha envidiado sin razón
y que ha desdeñado viera.
 
Extraviada multitud
no creas en la ventura
de la indigna criatura
que escarnece la virtud.

 

  • El temple

    «¿Decidme por qué razón
    uno al hierro, otro al acero,
    comparaba D. Antero
    a Nemesio y a León?»
    «Porque con los dos metales
    gran semejanza se advierte:
    uno débil, otro fuerte,
    vinieron al mundo iguales.
    ...

  • El sobrio y el glotón

    Había en un lugarón
    dos hombres de mucha edad,
    uno de gran sobriedad
    y el otro gran comilón.
    La mejor salud del mundo
    gozaba siempre el primero,
    estando de Enero a Enero
    débil y enteco el segundo.
    ...

  • El pajarero

    En cierto lugar habia
    un ricacho solterón
    con la más rara afición,
    o si se quiere mania.
    Y era pájaros juntar,
    con maña domesticarlos,
    y aun [a] algunos enseñarlos
    palabras a pronunciar.
    ...

  • El mastín y el gallo

    Sabido es de cada cual
    que aún mucho más que el caballo,
    entre los vanos, el gallo
    es vanidoso animal.
    Había en cierto lugar
    uno que el cuello inclinaba
    cuando la puerta pasaba
    por temor de tropezar;
    ...

  • Rosalía de Castro

    Yo las amo, yo las oigo,
    cual oigo el rumor del viento,
    el murmurar de la fuente
    o el balido de cordero.
    Como los pájaros, ellas,
    tan pronto asoma en los cielos
    el primer rayo del alba,
    le saludan con sus ecos.
    ...

  • Rosalía de Castro

    Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
    ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
    lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
    de mí murmuran y exclaman:
    —Ahí va la loca soñando
    con la eterna primavera de la vida y de los campos,
    y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
    y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
    ...

  • Concepción Arenal

    Juan y Pedro, una disputa
    trabaron, estrepitosa,
    sobre si grande una cosa
    era, o si era diminuta.
    La mano en el corazón
    juraban decir verdad
    ambos con sinceridad,
    y uno sólo con razón.
    ...

  • Paul Verlaine

    Vuestra alma es un exquisito paisaje,
    Que encantan máscaras y bergamascos,
    Tocando el laúd y danzando y casi
    Tristes bajo sus fantásticos disfraces.
    Siempre cantando en el tono menor,
    El amor triunfal y la vida oportuna
    Parecen no creer en su felicidad
    Y sus canciones se unen al claro de la luna.
    ...